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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 630

Capítulo 630 Eso, en cambio, lo salvó. El cuchillo de Olivia le rozó el cuero cabelludo, pero no llegó a herirlo.

Se arrastró por el suelo, medio rodando, y la Ilamó " bastarda" mientras temblaba y gritaba a todo pulmón:

"¡Asesina! ¡Asesina!" Dentro de la habitación, la abuela golpeaba la puerta con angustia y le rogaba a Olivia que no cometiera una locura.

¡Pero esto era un sueño de Olivia! ¿Qué había que temer en un sueño?

Además, aunque no fuera un sueño, aunque fuera como en esas novelas de viajes en el tiempo у hubiera vuelto mientras dormía a sus años de preparatoria, ¡le daba igual! Tener una vida más que los demás ya era pura ganancia. En esta vida cobraría cada deuda y se vengaría por todo lo que le hicieron.

Olivia perseguía a Ernesto, que se arrastraba por el suelo mientras Eugenia y él chillaban, cuando alguien irrumpió en la habitación, la sujetó con fuerza desde atrás y le agarró la mano con la que empuñaba el cuchillo.

-¡No hagas una locura, Olivia! ¡No hagas una locura!

Reconoció la voz. Era Leonardo.

-Olivia, no tengas miedo. Ya llegué, vine a ayudarte.

Suelta el cuchillo; yo me encargo de todo, déjamelo a mí -dijo Leonardo con suavidad, pero con una firmeza extraña.

Ella se fue calmando al escucharlo.

-Olivia, suéltalo, hazme caso... -Leonardo debió de notar que ella aflojaba el agarre, porque le habló con un tono más suave, aprovechó para arrebatarle el cuchillo y, enseguida, la puso detrás de él para protegerla.

-¡Si no quieren morir, lárguense! -Esta vez, Leonardo clavó el cuchillo en la mesa de un solo tajo; la hoja se hundió en la madera con un estruendo, y el filo quedó expuesto y vibró con un tañido metálico.

-¿Tú... tú quién eres? -Ernesto temblaba en el suelo como una hoja.

Leonardo no le respondió; solo sacó otra vez el cuchillo y lo blandió.

-Si te atreves a volver a tratar mal a Olivia, pregúntate qué tan duros son tus huesos. ¡A ver cuánto aguantan!

-¿Qué está pasando aquí?

-Este... mi mamá y Olivia iban a preparar empanadas.

Eugenia dijo que picaría el relleno, pero no midió la fuerza y ni siquiera sujetó bien el cuchillo; menos mal que me quité rápido; si no, el picado habría sido yo - dijo Ernesto con una sonrisa forzada.

El señor Quintero miró un momento a Olivia y sonrió.

-¿Así que Olivia sabe hacer empanadas?

-Sí, ella es muy trabajadora. Desde niña ayuda a su abuela con los quehaceres; es muy sensata y dócil - se apresuró a decir Eugenia.

Esa escena le resultaba demasiado conocida a Olivia.

En ese entonces, en el elegante restaurante de Altabrisa, su madre la presentaba así. La pintaba como una muchacha virtuosa, sensata, hacendosa y serena, igual que un carnicero del mercado que alaba lo buena que está la carne que vende para sacarle un buen precio.

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