Capitulo 606 No quería que, al terminar esa relación, quedara rencor, mucho menos que quedaran heridas abiertas.
La frialdad, la firmeza y la violencia verbal eran formas de resolverlo, pero, aun así, la abuelita esperaba que al final todo se calmara.
-¡Olivia! -Julián seguía gritando afuera.
Pero el auto ya había empezado a avanzar hacia el interior. Entonces Julián sujetó al guardaespaldas que aún no había subido al auto.
-Sé dónde está Paulina. ¡Vine a decir eso! ¡Casi olvido lo más importante!
El guardaespaldas asintió.
-Gracias. Será mejor que me lo digas.
-¡Te lo diré! -Julián escribió la dirección en su celular y dejó que la guardaespaldas la fotografiara-.
Listo, manden gente rápido para allá.
-Gracias. -El guardaespaldas le informó a Santiago mientras caminaba hacia adentro.
Julián miró el auto alejarse poco a poco y sintió un vacío enorme por dentro. Nunca antes se había despedido de manera tan formal. Incluso evitaba un poco esa clase de despedidas.
Era como si, mientras no dijera las cosas con claridad, lo suyo con ella no terminara del todo, como si no se separaran del todo y quizá algún día volvieran a encontrarse, con la oportunidad de decir: "Perdón, me equivoqué, empecemos de nuevo"...
Pero ese día, por fin, había dejado todo claro, y entonces los dos ya no tendrían nada que ver el uno con el otro...
Se dio la vuelta, abatido y con una amargura que le oprimía el pecho.
"No sé si amo a tu verdadero yo; solo sé que te amo de verdad, muchísimo..."
El guardaespaldas que había conseguido el paradero de Paulina gracias a Julián Ilamó a Santiago para avisarle.
En cuanto Santiago supo que Julián había aparecido, lo primero que le preocupó fue la seguridad de Olivia;
y al enterarse de que no había pasado nada, dijo:

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