Capítulo 510 El tiempo de esta visita a Altabrisa era muy corto:
tenía previsto partir de nuevo a principios de agosto, así que, cuando todavía no se le pasaba la emoción de haber llegado, ¿cómo era posible que ya estuviera contando los días que faltaban para irse?
Antes de partir, Olivia quedó con Daniela para ir juntas a visitar a los padres de Leonardo.
Lo que la sorprendió fue que, al pararse de nuevo frente a la casa de los Montiel, el ambiente era completamente distinto al de la visita anterior.
No es que el matrimonio hubiera logrado superar todo, sino que la casa ya no se sentía fría y vacía.
En el jardín todo era verde y vibrante; tanto las flores como el huerto se veían llenos de vida.
Los señores abrieron la puerta, un perrito salió
corriendo y empezó a dar vueltas alrededor de los pies de Olivia y Daniela.
—Toby, no molestes. —La señora lo cargó y, con su gesto bondadoso, les dijo—: Las asustó, ¿no? Este animalito es muy travieso.
—Para nada —dijo Olivia entre risas—. Qué perrito tan lindo, ¿se llama Toby? Toby, voltea, dame la patita.
Era un perro pequeño, muy adecuado para que lo tuvieran los señores: lo podían cargar sin problema y, al sacarlo a pasear, no se les iba a escapar.
—Sí que es muy noble —dijo la mamá de Leonardo—.
Lo compró Adrián, para que nos acompañara.
¡Otra vez Adrián! ¡Él por todas partes!
Aunque, esta vez, lo que hizo no estuvo nada mal.
Esa mascota seguramente le iba a dar un poco de vitalidad a sus últimos años.
Los padres de Leonardo las invitaron a sentarse, les ofrecieron algo de beber y fruta picada. Estaban muy emocionados.
—Señor, señora, no se molesten, siéntense a descansar un rato —dijeron ellas.
La mujer sonrió y respondió:
—Todo el día estamos descansando, jes bueno tener algo que hacer!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia)