—Llegó el director Bravo. —Fabián se puso de pie para recibirlo.
Lorenzo también lo observó con una sonrisa.
Por supuesto, varios altos ejecutivos de otras compañías estaban presentes. Era obvio que se trataba de discutir los términos de la futura colaboración y de asistir a la conferencia de prensa.
Beto se acercó y estrechó la mano de Fabián, de Lorenzo y de los demás, uno por uno.
Fabián y Lorenzo no mostraron ninguna actitud extraña hacia él, y eso lo tranquilizó.
Lorenzo abrió la sesión.
—Esta noche, el señor Rossi debería haber venido personalmente a atenderlos, pero surgió un imprevisto familiar, así que vine yo en su lugar. Les pido su comprensión.
En realidad, todos los presentes habían oído en mayor o menor medida los rumores sobre el envenenamiento. Al escuchar a Lorenzo, pensaron que debía ser cierto, pero nadie se atrevió a decirlo en voz alta.
Sin embargo, lo que más les preocupaba era el futuro del Corporativo Rossi: si a Rossi realmente le había pasado algo, —¿El proyecto en Altabrisa seguirá en pie?
Alguien preguntó con inquietud, en voz baja. Lorenzo respondió con cautela:
—Esa pregunta se la responderá el señor Rossi en persona más adelante. Esperémoslo.
Beto rio bajito. "Esperar al señor Rossi... Podían esperar toda la vida y no lo verían".
Todo el mundo sabía que los Rossi eran una familia extensa y que solo la rama de Santiago era originaria de esta región. Si el joven Rossi caía, el liderazgo del clan pasaría a manos foráneas; entonces, ¿el Corporativo Rossi seguiría apostando por Altabrisa?
Como era de esperar, Lorenzo los invitó a comer al buffet previo al evento.
Beto llevaba semanas sin poder comer ni dormir en paz, y por fin pudo sentarse a disfrutar una.comida como era debido. Se sentó junto a Fabián.
—Señor Portillo —lo llamó Beto—, usted es joven y no lleva mucho en esta industria, ¿no?
—Así es —respondió Fabián con timidez—. Empecé
como pasante en su empresa, y después abrí la mía.
Fue pura suerte que el Corporativo Rossi me eligiera.
Otros se acercaron al grupo y comenzaron a halagar a Fabián entre risas.
—El señor Portillo es joven y talentoso, ¡tiene un futuro brillante!
Fabián se limitó a ser modesto y desvió los elogios hacia Beto.
—El señor Bravo es el verdadero líder de nuestra industria. Cuando trabajé en su empresa aprendí

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