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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 420

—No, no, no, no, no digas eso de Celeste. Yo le dije que manejara el dinero. A mí me gusta gastar a lo loco, y desde que éramos novios ella es la que administra todo. —Nico no sentía ni un poco de vergüenza—. ¿Por qué me daría vergüenza? Celeste dice que ser hogareño es una virtud. Es cierto que a veces me gustaría quedarme más rato con Adrián y los demás; cuando Celeste me pide que vuelva, es porque quiere que le haga compañía. Me la paso ocupado con el trabajo, de por sí estoy poco tiempo con ella y, encima, después del horario laboral estoy afuera. Es normal que me apure. De vez en cuando me quejo, sí, pero Celeste no es mala persona:

Hizo una pequeña pausa.

—Aunque esté afuera pasándola bien, estoy intranquilo, pensando en ella... Y en cuanto a pagar cuentas con clientes y otros gastos normales, Celeste no me dice nada, aunque le llegue la notificación.

Tiene derecho a saber en qué me gasto el dinero. Me controla porque me quiere; si una mujer le permite a un hombre hacer lo que sea sin importarle nada, eso significa que ya no lo ama.

Paulina lo miró como si estuviera viendo a un idiota.

—¿Eres estúpido? Celeste te lavó el cerebro.

Nico, sin embargo, suspiró.

—No te voy a mentir, Pau. Antes también pensaba así:

que Celeste era un poco brava y que yo tenía muy poca libertad. Pero ahora, viendo lo de Adrián y lo de Beto, en serio creo que Celeste tiene razón. Cómo era la relación entre Adrián y Olivia antes, no lo sé, porque yo no tenía trato con ella. Pero lo de Beto y Renata sí

lo vi de cerca. Los primeros dos años de casados, Renata le reclamaba, le armaba escenas y lloraba.

Después, yo mismo la vi dejar de llorar, ella se rindió.

Y Olivia, con la que empecé a convivir más apenas este año, también parecía que ya no le quedaban fuerzas para seguir intentándolo con Adrián. Le daba igual lo que él hiciera contigo, le daba igual a qué hora volviera. Entre ellos solo se veía ese vacío donde ya ni el rencor queda. Ahí lo tienes: los dos se divorciaron.

Celeste puso una regla desde que nos casamos: la esposa siempre tiene la razón. Antes lo tomaba como broma; ahora me doy cuenta de que es una verdad absoluta.

Nico soltó todo ese discurso de un tirón. Paulina observó la ternura en sus ojos y sintió amargura. Era el más torpe y el menos capaz de los tres. Sin el apoyo de Adrián, jamás habría llegado a donde estaba. Y, sin embargo, era el que mejor trataba a su esposa.

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