Aquella persona iba vestida toda de negro, con cubrebocas y gorra, cubierta de pies a cabeza. Pasó
volando frente a ella tan rápido que Paulina ni siquiera alcanzó a distinguirlo: solo vio un bulto borroso que le cruzó por delante.
Miró el sobre que tenía entre las manos y arrugó la frente: "¿Qué es esto?"
Lo abrió y descubrió que era un informe médico de Adrián.
El informe revelaba que Adrián tenía baja motilidad espermática. ¿Qué? Entonces ella... Entonces Adrián...
Se le agolparon las preguntas en la mente y empezó a atar cabos, cada vez más alarmada. Muchas de sus dudas encajaron por sí solas.
Con razón. Con razón la actitud de Adrián cambió
desde aquella noche en que ella y Beto montaron la trampa. Entonces, ¿desde esa misma noche Adrián dejó de creerle? Pero fuera de mostrarse molesto, prefirió quedarse callado. ¿Qué estaba tramando?¿
Qué planeaba hacer?
¡No!
¡Tenía que hablar con Beto sobre esto!
Paulina, que acababa de salir furiosa del edificio, regresó corriendo a la empresa y presionó el botón del elevador con frenesí. Justo entonces el elevador bajó, las puertas se abrieron y ahí estaban Beto y Nico.
Ella miró a Beto con angustia.
Nico, que no tenía idea de lo que pasaba, solo le sonrió apenado.
—Pau, te pido disculpas, ¿sí? Solo estaba hablando por hablar, ya me conoces: no tengo filtro.
Paulina no estaba de humor para discutir eso; lo único que hacía era lanzarle miradas desesperadas a Beto.
Él captó el mensaje.
—Ya, Nico, vete a casa con tu esposa. Yo me encargo de disculparme con Pau.
Nico se relajó y dijo contento:
—Eres el mejor, un verdadero amigo. ¡Entonces me voy a casa!
—Beto... —Una vez que Nico se fue, Paulina lo miró
con nerviosismo—. Tengo que decirte algo muy importante.
—Vamos.
Los dos buscaron un restaurante. Paulina le contó

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