Al pronunciar la palabra "boda", Paulina miró a Olivia con los ojos llenos de provocación y satisfacción.
Adrián se estremeció. Con la mirada clavada en Olivia, alcanzó a decir:
—Olivia...
Ella sonrió con calma.
—¿Se van a casar? Felicidades, felicidades. ¿Y cuándo es la fecha?
Adrián palideció.
—No es lo que parece, Olivia, escúchame...
—¿Por qué tan nervioso, señor Vargas? —Olivia rio con sequedad—. ¿Acaso le preocupa nuestro contrato?
—¿Qué contrato? —Paulina se acercó arrastrando la cola del vestido.
—Ah —dijo Olivia con una sonrisa—, es un acuerdo entre el señor Vargas y yo. Mejor pregúntale a él. —
Luego miró a Adrián—. Señor Vargas, se precipitó un poco, ¿no cree? Por lo menos espere a que tengamos el acta de divorcio en la mano.
Paulina forzó un brillo acuoso en sus ojos y puso cara de víctima frente a Olivia.
—Olivia, no me digas que te arrepentiste. Te lo suplico, deja ir a Adri. Ya sufrió cinco años por tu culpa. ¿Por qué no lo dejas en paz?
Olivia no daba crédito a lo que escuchaba.
—Pregúntale tú misma quién no deja en paz a quién. i Lo que te pido es que te esfuerces un poco y lo convenzas de ir a recoger el acta de divorcio en cuanto termine la etapa de mediación! —dijo mirando a Adrián con gesto de evidente desaprobación.
—¿Cómo va a ser eso cierto? —Paulina tenía los ojos empañados de lágrimas—. Fuiste tú, tú usaste tu pierna lastimada para chantajear a Adri. Él es demasiado bueno, por supuesto que no tuvo corazón para divorciarse de ti. Te lo suplico, deja de aferrarte a Adri, ¿quieres?
En realidad, lo que más le importaba a Olivia en ese momento no era que Adrián fuera a casarse con Paulina. Lo que le angustiaba era que siempre se había esforzado por mantener la compostura frente a Mercedes. Aunque su abuelita ya sabía que las cosas con Adrián estaban mal y que el trámite de divorcio estaba en curso, Olivia jamás la había expuesto a toda esa miseria.
Le daba miedo que se disgustara. Se aferró al brazo de Mercedes y lo único que quería era terminar con esa escena humillante cuanto antes para poder consolarla.
—Suficiente, los dos me dan asco —sentenció Olivia con indignación—. Que a ti te guste recoger basura no significa que a todo el mundo le encante el reciclaje. —
Tomó a Mercedes del brazo y se dispuso a salir.

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