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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 381

—Mamá. —Lucas llegó corriendo por el sendero cuesta arriba.

Renata se limpió a escondidas el rastro de lágrimas, se agachó y abrazó a su hijo.

—Lucas, ¿qué haces aquí?

—Vine a ayudarte, mamá. Yo sé trabajar. —Lucas le secó los ojos con sus manitas tibias y suaves—. No llores. Voy a crecer rápido para cuidarte y que ya no tengas que estar así.

Al escuchar esas palabras tan maduras de su hijo, una oleada de dolor le subió hasta la garganta. Se contuvo con todas sus fuerzas para que él no notara su tristeza y se obligó a sonreír.

—No estoy llorando. Es que me entró tierra en los ojos.

—Deja que te sople. —Lucas le tomó la cara entre las manos y frunció los labios.

Elaliento tibio le rozó los ojos y sintió que se le calentaban todavía más.

No iba a dejarse vencer. Ese divorcio tenía que salir adelante, y su vida solo iba a mejorar.

Tenía que agradecerle a Celeste, que le consiguió ese trabajo en la finca de café. En cuanto a la preparación y el cultivo del café, era una novata, pero podía aprender. El sueldo no era gran cosa, pero le gustaba lo que hacía. El aire era limpio, el paisaje hermoso y el trato entre la gente era sencillo; para ella, no podía haber un lugar más adecuado.

Además, don Esteban, el tío de Celeste, la había aceptado como aprendiz para enseñarle el oficio del café. El señor era buena persona, cortado con la misma tijera que Celeste: leal, franco y muy paciente como maestro.

Y Lucas, desde que llegó, parecía haber entrado al paraíso. La finca era un sitio enorme donde podía correr a sus anchas.

Los dos vivían en el dormitorio que les daba la fincа:

una casita de ladrillo, pequeña, limpia y acogedora, apenas una habitación, incomparable con la casa enorme que Beto les había comprado. Era un lugar donde podía llegar al final del día y dejarse caer a dormir sin pensar en con cuál mujer andaría su marido o a qué hora iba a volver.

Se pasaba la mañana entera entregada a la finca, entre el riego y la pelea constante contra las plagas.

La finca de los Padilla no usaba pesticidas, así que el control de plagas se hacía con métodos artesanales, y era una de las tareas más grandes del verano.

Capítulo 381 1

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