—Pues sí, ¿por qué estás tan deprimido? Ya se divorciaron y punto. Mejor para ti, ahora puedes estar con Pau. —Beto también intervino—. Y no me vengas con que nunca pensaste en casarte con Pau. Somos hombres, entre nosotros nos entendemos. Si me dices que nunca se te reavivó la llama, me dejo cortar la cabeza.
—Ese fue mi peor error... —Adrián, frente a sus dos amigos, habló con honestidad—. Estos días lo he estado pensando en serio. Celeste no se equivocó al insultarme. Es cierto que nunca pensé en divorciarme de Olivia, pero también es cierto que disfruté
sintiendo cómo esa pequeña llama volvía a encenderse...
Adrián agachó la cabeza y se apretó el puente de la nariz con fuerza.
—Siempre me dije a mí mismo que lo tenía bajo control, que aunque sintiera algo por Pau, sabría mantenerme firme, que jamás fallaría en mi matrimonio... Que jamás sería un traidor como mi padre, ese desgraciado. Que con quien me casara, sería para toda la vida... En serio lo creía... Mientras no traicionara a Olivia físicamente, no le estaba fallando... —Adrián fue bajando la voz hasta que rio con amargura.
—Pero lo lograste, Adri —dijo Nico—. Tú no llegaste a...
Aunque Celeste decía que la infidelidad emocional también era infidelidad, para Nico, si Adrián había sabido mantener el límite, al menos quedaba margen para arreglar las cosas.
Pero Adrián solo rio con desánimo.
Nico quedó pasmado.
—No me digas que... Tú... ¿Cómo no me enteré? ?
Cuándo fue? Se acabó, Adri, ya no hay vuelta atrás...
—Así es... —dijo Adrián—. No hay vuelta atrás. Ni la integridad para intentarlo. Olivia dice que le doy asco.
Adrián lo observó con la mirada perdida.


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