La vida de Olivia se había vuelto tranquila y sencilla.
La visa de Mercedes ya había sido aprobada, los boletos de avión al extranjero estaban comprados, y cuando llegara el momento, Santiago las acompañaría a ella y a su abuelita a Europa. Desde que contaba con él, muchas cosas que antes le quitaban el sueño, como el alquiler y el transporte el extranjero, dejaron de preocuparla. Todo estaba resuelto hasta el último detalle; ella solo tenía que tomar su maleta y partir.
en Lo único que hacía cada día era ir a la clínica para la acupuntura y la rehabilitación. Si le sobraba tiempo, quedaba con Vianney y Daniela a tomar algo.
Ese día, como de costumbre, el chofer que Santiago le había asignado la llevó a la clínica. Al bajar del auto, el chofer se quedó esperándola adentro del vehículo sin acompañarla a entrar. Al cruzar la puerta, Olivia se encontró con Adrián sentado en la sala de espera.
En cuanto la vio, Adrián se puso de pie y fue hacia ella. Se detuvo frente a Olivia y le dedicó una sonrisa.
—Olivia.
Se había arreglado a propósito para la ocasión: el cabello recién cortado, la barba afeitada. Aunque se veía más delgado, al menos lucía presentable.
Olivia lo miró como quien mira a un desconocido, asintió apenas y se dispusoa pasar de largo.
—Olivia. —Se apresuró a dar un paso al costado y le bloqueó el camino otra vez.
Olivia no tuvo más remedio que detenerse. Lo observó sin entender a qué venía todo aquello.
—¿Qué? ¿Vienes a darme alguna buena noticia? —Su tono no disimuló la ironía.
—¿Buena noticia? —Adrián parpadeó, confundido.
—Insistes tanto en hablar conmigo que seguro es porque tienes buenas noticias, ¿no? A ver, déjame adivinar... ¿A tu queridita ya se le curó la infertilidad?¿
Vas a ser papá? —Olivia se burló.
—No... —Adrián palideció—. ¡Claro que no! Olivia, vine expresamente a esperarte.
—¿A esperarme? ¿Tú y yo todavía tenemos algo de qué hablar?

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