El negocio de Isabela crecía cada vez más, ¿y no era acaso gracias a Elías? Aunque estuvieran divorciados, mientras a Elías le importara su exmujer, todos le darían su lugar a Isabela y estarían encantados de hacer negocios con ella.
Isabela levantó su taza y bebió té con elegancia, escuchando el largo discurso de Jimena.
Cuando Jimena terminó, Isabela dejó la taza, se levantó y empujó suavemente los cien mil pesos y los regalos de vuelta hacia la señora Ríos.
Con expresión seria y firme, le dijo a la señora Ríos:
—Señora, ya le dije que no voy a llegar a ningún acuerdo.
—Llévese estas cosas. No importa qué tan bonito me lo pinten, no sirve de nada. Sé qué clase de persona es Valentina; sé que no está arrepentida, solo tiene miedo de ir a la cárcel y de que eso afecte su futuro matrimonio con la familia Morales.
—Si yo hago como si nada y lo dejo pasar, ella pensará que, aunque cometa errores, basta con que su familia pida perdón y suelte algo de dinero para solucionarlo. No tendrá miedo, no aprenderá la lección y, al contrario, se sentirá intocable y se volverá más descarada.
—Dije que no voy a conciliar porque quiero que Valentina reciba una lección profunda. Aunque la sentencia real no sea muy larga, aunque solo pase medio año en prisión, eso bastará para que se acuerde.
—Vivimos en una sociedad con leyes. No importa quién sea, qué estatus tenga o cuánto dinero tenga su familia; si viola la ley, debe ser castigada. Quien hace mal, debe pagar el precio.
Si no dejaba que Valentina sufriera una lección severa y la perdonaba, en cuanto recuperara su libertad, seguro se ensañaría más con ella.
En el pasado, cuando Jimena incitó a Sofía Silva a drogar a Isabela, por error fue Elías quien bebió aquel café y se convirtió en la víctima. Aunque Isabela quiso proceder legalmente, al final Elías, por el bien de su hermana, perdonó tanto a Sofía como a Jimena.
Eso resultó en que solo las detuvieran quince días, pero para ellas, ese castigo fue suficiente para que se calmaran un poco.
Al menos ahora Sofía no se atrevía a buscarle problemas a Isabela. La familia Silva la mantenía bajo estricta vigilancia y la habían mandado al extranjero para evitar que Jimena la siguiera utilizando.
—Ya te dijimos que te pagamos un coche nuevo y no quieres. Solo rompió los cristales, cambiarlos cuesta unos miles de pesos, a lo mucho unos veinte mil.
—¿Es necesario que te pongas tan intensa? Todos nos movemos en el mismo círculo, nos vamos a seguir viendo las caras. ¿Vas a mandar a alguien a la cárcel por una pérdida de veinte mil pesos?
—Si dices que no es por vengarte de mí, no te creo. Me odias, y Valentina está pagando los platos rotos por mi culpa.
Isabela dejó que Jimena gritara. Cuando terminó, dijo:
—En efecto, si Valentina no fuera tu íntima amiga, no me ensañaría tanto. Es una venganza contra ti, ¿y qué?
—Valentina me insultó de la forma más horrible delante de tanta gente, me dañó emocionalmente, manchó mi reputación y destrozó el coche nuevo que me regaló mi exmarido. El daño que recibí fue enorme.

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