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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 913

—Simplemente no acepto el acuerdo. Quiero que Valentina entre a la cárcel un tiempo. ¿Y qué?

Jimena estaba tan furiosa que se le oscureció el rostro; señaló a Isabela y abrió la boca varias veces sin lograr articular palabra.

Isabela ya ni siquiera se molestaba en disimular. Era una venganza, la odiaba.

Tal como ella odiaba a Isabela.

Ellas dos jamás podrían reconciliarse en esta vida.

Y no quería reconciliación; ¡quería ver a Isabela muerta!

—Y otra cosa: dejen de esparcir rumores sobre Álvaro y yo. Eso de que soy una sinvergüenza, que andaba de coqueta con Álvaro antes de divorciarme de Elías, o que ahora que estoy divorciada sigo enganchada a Elías.

—Si los rumores crecen demasiado, también puedo demandarlas por difamación.

Nadie le había dicho aún a Isabela que la familia Ríos estuviera difamándola, pero sabía que lo harían. Seguramente ya lo estaban haciendo, solo que todavía no llegaba a sus oídos.

En su vida pasada, Valentina ayudó muchas veces a Jimena a atacarla; conocía bien los métodos de la familia Ríos y de Valentina.

La expresión de la señora Ríos cambió visiblemente.

Isabela lo notó y confirmó que ya estaban hablando mal de ella.

—¿Acaso hace falta inventar rumores? ¿Eso es difamación? ¡Es la verdad! Tú le robaste el corazón a Álvaro estando casada. No creas que no sé que, en cuanto te divorciaste de Elías, Álvaro se te declaró.

—Álvaro te estaba esperando afuera del Registro Civil. Cuando saliste, ahí estaba él con un ramo de flores. Te divorciaste y sigues sin soltar a Elías. ¿Quién no sabe eso?

Isabela respondió con frialdad:

—Que Álvaro se enamorara de mí antes de mi divorcio solo demuestra que tengo mucho encanto, que soy una buena mujer y por eso hombres tan excelentes se fijan en mí.

La señora Ríos quería decir algo más, pero Jimena tomó su bolso furiosa y salió hecha una fiera.

Sin más remedio, la señora Ríos recogió sus regalos y los cien mil pesos para seguir apresuradamente a Jimena. Al pasar junto a Isabela, se detuvo y le dijo:

—Señorita Romero, se va a arrepentir.

—¡No crea que porque Elías la respalda puede hacer lo que se le dé la gana! Llegará el día en que estará peor que mi Valentina.

Como Isabela no aceptaba el acuerdo, su hija tendría que pasar unos meses en la cárcel.

Pero esa falta de respeto de Isabela, valiéndose del apoyo de Elías, no pasaba desapercibida para nadie. Aunque ahora hicieran negocios con ella, en cuanto perdiera su respaldo, todos le darían la espalda.

Ese sería el momento del contraataque de la familia Ríos.

Por ahora, tendrían que aguantarse. No podían tocar a Isabela por miedo a que Elías tomara represalias contra la familia.

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