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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 833

Isabela le contestó: [No pasa nada, tú sigue en lo tuyo].

Después de pensarlo un momento, decidió enviarle una nota de voz a Álvaro:

—Valentina vino a buscarme.

Al instante, Álvaro la llamó por teléfono.

Preguntó angustiado:

—Isabela, ¿te hizo algo? ¿No te trató mal? ¿Para qué te buscó? Si se atrevió a tocarte un solo pelo, juro que le corto las manos.

Era la primera vez que Isabela escuchaba a Álvaro hablar con tanta dureza.

Siempre le había parecido un hombre caballeroso y elegante. Aunque Elías alguna vez dijo que Álvaro no era ninguna perita en dulce y que solo fingía ser bueno frente a ella.

Alguien criado para ser heredero de una gran familia no podía ser un santo, aunque tampoco un villano desalmado.

Ni la misma Isabela se atrevería a decir que ella era una santa.

—Álvaro, ¿crees que soy tan fácil de intimidar? Aunque no sé artes marciales, me defiendo bastante bien. No olvides que Elías y yo aguantamos frente a una banda de secuestradores hasta que llegó la policía.

Al recordar esa noche, a Isabela todavía le sorprendía la fuerza que sacó de la nada.

En ese momento solo tenía una idea en la mente: venganza. No podía dejar escapar a los asesinos que la humillaron y mataron en su vida pasada, y tampoco podía permitir caer en sus garras otra vez.

Por eso se defendió con todo, y junto con Elías lograron resistir.

Cuando «El Cicatriz» intentó huir en coche, su único pensamiento fue que no escapara, así que lo persiguió y embistió su auto hasta volcarlo, logrando que los atraparan.

Ahora, «El Cicatriz» y su banda ya se estaban pudriendo en la cárcel.

—¿Qué fue lo que te dijo Valentina? —preguntó Álvaro con voz grave.

Le molestaba profundamente que hubiera ido a molestarla.

—Conozco los fondos de la familia Ríos, por eso pedí una cifra alta, una cantidad que ni vendiendo todo lo que tienen podrían juntar. Ni creas que me iría de mi vida aquí solo por dinero.

Álvaro seguía un poco decaído.

Sentía que, para Isabela, él valía diez mil millones.

Él quería ser incalculable para ella.

Para él, ella no tenía precio.

Elías le había dicho que si se retiraba y dejaba de competir por ella, no le iría mal; que en el futuro, si Grupo Silva tenía proyectos adecuados para Grupo Morales, colaborarían y las ganancias serían enormes.

Pero él rechazó la tentación de Elías, porque Isabela valía más que cualquier negocio.

Solo esperaba valer lo mismo para ella.

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