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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 832

—Isabela.

Valentina tenía los ojos rojos y las lágrimas a punto de brotar.

—De verdad me gusta mucho Álvaro. Te lo suplico, déjamelo. No vuelvas a verlo, recházalo, por favor... No puedo vivir sin él.

»Si tú lo rechazas definitivamente y te alejas de él, si no lo ves más, seguro se dará cuenta de lo buena que soy y se enamorará de mí.

Isabela respondió:

—Señorita Valentina, no conociste a Álvaro ayer. Lo conocías y te gustaba desde antes que yo apareciera. ¿Acaso se enamoró de ti en ese entonces?

»Los sentimientos no se pueden forzar. Si Álvaro no te ama, no te ama, y eso no tiene nada que ver conmigo. De nada sirve que me ruegues, no soy yo quien lo tiene amarrado.

»Si tanto te gusta Álvaro, pues lánzate a conquistarlo. Si lo consigues, bien por ti; si no, es que no estaban destinados a estar juntos.

»Lo que pase entre tú y Álvaro no está en mis manos. Yo soy ajena a eso.

Ella ya había rechazado a Álvaro, pero él no quería rendirse y decía que estaba dispuesto a esperarla el tiempo que fuera necesario.

Sin embargo, Isabela siempre tuvo una buena impresión de él. Quizá cuando tenga paz mental y su negocio esté estable, podría considerarlo.

—¡Vete de Nuevo Horizonte! Si te vas y no regresas nunca, Álvaro te olvidará —soltó Valentina por instinto.

Quería que Isabela desapareciera.

—¿Por qué tendría que irme? Crecí en Nuevo Horizonte, mi familia, mis amigos y mi negocio están aquí. ¿Por qué voy a renunciar a todo e irme solo por un capricho tuyo?

—Te voy a compensar —dijo Valentina apresuradamente—. Ponle precio. Pide lo que quieras. Con tal de que te vayas, te doy lo que pidas.

Isabela soltó una cifra:

—Si me das diez mil millones de pesos, acepto. Agarro a mi mamá y nos vamos de Nuevo Horizonte.

—¡Diez mil millones!

Valentina pegó un grito.

Isabela lo hizo a propósito, pidió una cifra imposible para que ella no pudiera pagar y así no tener que irse de Nuevo Horizonte.

La negociación había terminado.

Valentina se levantó, agarró su bolso y le dijo a Isabela:

—Isabela, no me voy a rendir. ¡Álvaro será mío, cueste lo que cueste!

—Álvaro es un hombre libre, cualquiera puede amarlo y pretenderlo. Si algún día la señorita Valentina logra que le haga caso y se casa con él, ten por seguro que los felicitaré.

»Que te vaya bien, señorita Valentina. No te acompaño a la salida.

Isabela no se levantó.

Ya eran rivales declaradas, ¿para qué hacerse la amable? Valentina la odiaba y la veía como enemiga.

Cuando Valentina se fue, Isabela recibió un mensaje de Álvaro. Había regresado a Grupo Morales y, tras una junta rápida, le escribió para disculparse.

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