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Matrimonio Forzado : La Obsesión del Mafioso Italiano romance Capítulo 170

Vi a Luca de pie en el borde del barranco, con los ojos encendidos de ira ardiente. En su mano, una pistola aún humeaba. Los tres hombres que habían intentado violarme cayeron al mismo tiempo, sus cuerpos yacían inertes sobre el suelo rocoso. Sentí sangre y saliva escurriendo por mi barbilla, mi cuerpo temblaba sin control y una náusea profunda se apoderaba de mi estómago.

Luca no perdió tiempo. Con movimientos rápidos y precisos, descendió por el barranco con una cuerda, llegando a mi lado en cuestión de segundos. Me miró con ojos llenos de dolor y arrepentimiento, y por primera vez, vi lágrimas corriendo por su rostro severo.

—Camila, estoy aquí. Te he encontrado.

Quise responder, pero las palabras no salían de mi boca. Solo podía llorar, llorar por todo lo que había vivido, por todo el dolor que sentía, y por Lucía, que aún lloraba en algún lugar allá arriba.

Luca cargó a Lucía primero. Levantó a mi bebé con cuidado, como si fuera el objeto más valioso del mundo, y se la entregó a uno de sus hombres, que ya había descendido al barranco.

—¡Llévensela a la ambulancia! ¡Ahora mismo! —ordenó con voz firme.

Su hombre asintió y se llevó a Lucía de inmediato. Miré cómo se alejaba a mi hija con el corazón destrozado, rezando para que estuviera a salvo.

Luca se acercó a mí y se arrodilló a mi lado.

—Camila, lo siento. Todo esto es culpa mía. Si no te hubiera dejado, si no te hubiera arrastrado a este mundo, nunca habrías sufrido así. Es todo mi culpa.

Negué con la cabeza, aunque el movimiento hizo que mi cabeza diera vueltas.

—No es tu culpa. Es culpa de mi padre. Él me vendió. Él me trajo aquí.

Luca me miró con los ojos llenos de emociones encontradas: ira, arrepentimiento y amor.

—Pagará por todo lo que ha hecho. Te lo juro. Pero ahora, tengo que sacarte de aquí.

Con cuidado, me levantó en brazos, sintiendo cada herida y cada fractura en mi cuerpo. Apoyé mi cuerpo débil contra su pecho, y por primera vez en mucho tiempo, sentí seguridad.

—Ya no puedo contener las lágrimas. Estoy tan cansada —dije.

Me miró, y pude ver lágrimas en sus ojos.

—No tienes que contener nada. Estoy aquí. Te cuidaré. Nunca volveré a dejarte.

Lloré en sus brazos, dejando salir todo el dolor y el miedo que había guardado durante tanto tiempo. Lloré por Lucía, por Matías, por mí misma, por todo lo que había perdido. Pero en medio de mi llanto, también había alivio. Alivio porque al fin estaba a salvo. Alivio porque Luca estaba aquí.

Me subió con cuidado por el barranco, y cuando llegamos arriba, vi un gentío: policías, paramédicos y los hombres de Luca. Todos estaban ocupados con sus tareas, pero yo solo podía mirar a Luca, que me sostenía con tanto cariño.

—Vas a estar bien. Me aseguraré de que recibas la mejor atención. Y Lucía también estará bien. Te lo prometo.

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