Miré a Luca con los ojos húmedos, sintiendo el calor de su mano que apretaba la mía con fuerza. Había un alivio inmenso en mi pecho, pero también un peso que aún se sentía pesado. El peso de Matías, de su muerte, y de todas las verdades que aún no habían salido a la luz.
—Me alegra que estés aquí. Pero hay algo que debo preguntarte.
Luca me miró con cautela, como si ya supiera lo que iba a decir.
—¿Qué es?
Inhalé profundamente, aunque el movimiento me dolió en el pecho.
—Sobre Matías. Sobre su muerte. Sé que dijiste que el cartel era el responsable. Pero también sé que hay otros involucrados. El hospital. La gente de allí que ayudaba al cartel con sus operaciones.
Luca guardó silencio. Vi cómo su mandíbula se tensaba, y algo cambió en sus ojos. Algo oscuro, algo que me ocultaba.
—Ya te lo dije. El cartel fue capturado. Los responsables de la muerte de Matías ya han sido juzgados. No hay nada más que...
—No me mientas, Luca. Sé que hay algo que escondes. Puedo verlo en tus ojos. Hay algo que no me estás contando sobre ese hospital.
Luca bajó la mirada, evitando la mía. Vi que su mano, que sostenía la mía, comenzaba a temblar. Había una lucha interna en él, y podía sentirla.
—Luca, he pasado por demasiado. He estado a punto de morir. He perdido a mi esposo. No quiero más secretos entre nosotros. Por favor, dime qué pasó realmente.
Luca levantó la cabeza y me miró. Tenía los ojos enrojecidos, y vi lágrimas correr por sus mejillas.
—No quiero perderte. No quiero que me odies.

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