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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1972

—Mandatario, ¿se encuentra bien?

Zenón se apresuró a sostenerlo por el brazo.

—Lo más raro de todo es que la señorita Yáñez no solo preguntó dónde estaba, sino que también quiso saber cómo era su aspecto físico.

¿Su aspecto físico?

Al segundo siguiente, sonó el celular. Era el gerente devolviendo la llamada.

—Señor Alzamora, ¿me llamó hace un momento?

Había demasiada gente y temía llamar la atención, así que había apagado el teléfono. Recién en el baño pudo encenderlo para revisar sus mensajes.

—¿Qué hace Lourdes en el centro de convenciones? —preguntó Darío yendo directo al grano.

—Bueno...

El gerente dudó unos segundos, pero terminó confesando:

—La señorita Yáñez quiere comprar el Predio del Sector 5 para construir un orfanato. Pero Hernán Mendoza, el dueño del Casino Amanecer, hizo algún trato sucio con el Ministro Vargas para construir allí un Crematorio Municipal.

¿Un crematorio?

Al escuchar eso, los nudillos de Darío crujieron y una sombra oscura atravesó su mirada.

—Como no tenía otra opción, la señorita Yáñez se las arregló para entrar al centro de convenciones e intentar hablar con el Mandatario Lázaro —explicó el gerente de un tirón—. Dijo que usted tenía problemas en casa y me prohibió contarle.

Pero como el señor Alzamora le había preguntado, soltó toda la verdad.

—¿Y solo vino por eso? ¿No tiene otro motivo?

Darío soltó el aire y relajó lentamente los puños.

—Solo es eso —suspiró el gerente—. Señor Alzamora, usted que conoce a tanta gente, ¿no tendrá algún contacto que nos permita llegar al Mandatario?

—¿Mmm?

Darío alzó una ceja, con una levísima sonrisa asomando en sus labios.

—¡Ay, qué estupidez acabo de decir! —se retractó el gerente enseguida, negando con la cabeza—. Olvídelo.

El señor Alzamora era solo un muchacho pobre que apenas empezó a comer bien cuando se acercó a la señorita Yáñez. Si ella no podía acercarse al Mandatario, ¡menos iba a poder él!

—Siga en lo suyo. Ya veremos cómo nos las arreglamos acá.

El gerente colgó rápido para ir a lidiar con el guardaespaldas de la puerta.

—Amigo, ¿a qué hora sale el Mandatario?

El guardia ni lo miró.

La veía merodear por los pasillos mirando a todos lados. Era fácil que los guardias la confundieran con una intrusa.

Además, estaba embarazada. No quería que le pasara nada malo.

—¿Traerla aquí?

Zenón creyó escuchar mal, pero luego pensó que el Mandatario tendría sus motivos.

Sin atreverse a hacer preguntas, salió de inmediato.

***

Mientras tanto, en el salón principal.

Lourdes iba de un lado a otro como mosca en frasco, sin encontrar ninguna salida.

Al ver que el tiempo se agotaba, una profunda sensación de impotencia se apoderó de ella.

El bebé en su vientre, sintiendo su ansiedad, comenzó a moverse inquieto.

—Tranquilo, mi amor, mamá está resolviendo un asunto importante —murmuró Lourdes, acariciándose el vientre para calmarlo—. Cuando lleguemos a casa, te prepararé esa sopa picante 'Fuego Nuborio' que tanto te gusta.

En ese momento, un hombre de traje elegante y sonrisa amable se acercó a ella.

—Buenas tardes. ¿Es usted la señorita Yáñez? —preguntó Zenón con cordialidad.

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