Aldana: "..."
Ya ven. Esa era la razón por la que no quería revelar su identidad.
—Ah.
Aldana ajustó sus emociones y caminó hacia su asiento.
Al pasar junto a Lucio Ibarra, se detuvo a propósito, levantó la mirada hacia él y dijo: —Tú...
—¡Dra. Noche!
Lucio, que acababa de sentarse, se levantó asustado, poniéndose más derecho que una regla, con una actitud sumamente respetuosa.
—Escuché que ayer también fuiste a la competencia —preguntó Aldana con voz suave y una expresión inalterable, pero con un aura tan imponente que daba escalofríos.
—Fui —respondió Lucio Ibarra obedientemente.
Antes de esto, realmente menospreciaba a Aldana. Creía que ella, apoyada en su inteligencia, había exigido entrar a la clase de Medicina occidental y hasta lograba que el profe Bonifacio girara en torno a ella.
Al enterarse de que ella era la Dra. Noche, se volvió completamente dócil.
Ahora sentía una admiración genuina por ella.
—Lo siento mucho, Dra. Noche —Lucio le hizo una profunda reverencia y se disculpó con gran solemnidad—. Perdóneme, antes me comporté muy mal con usted, fui un ignorante y un tonto.
—Mhm.
Las comisuras de los labios de Aldana se curvaron ligeramente y respondió con tono despreocupado: —Si eres un ignorante, entonces lee más. No imites a las señoras chismosas del mercado, que se la pasan murmurando todo el día.
—Entendido —Lucio Ibarra enrojeció, sin atreverse a replicar.
—Tranquilo, siéntate —Aldana cambió de tono y esbozó una leve sonrisa—. Tu habilidad profesional no es mala. Sigue esforzándote.
...
Lucio Ibarra levantó la mirada de golpe, observando a Aldana con incredulidad, con la voz quebrada.
Él creía...
Que la Dra. Noche aprovecharía la oportunidad para vengarse y decirle cosas más hirientes.
Jamás imaginó que ella lo animaría.
Comparando ambas actitudes, él se sintió como un ser mezquino y envidioso.
Lucio estaba muerto de vergüenza.

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