—¿Firmar el acta?
Al escuchar las palabras de Leonardo, el rostro de Sombra palideció del susto y retrocedió un par de pasos por inercia.
—¿Tan rápido? Aún no lo he pensado bien.
—¿Pensar en qué? —El apuesto rostro de Leonardo se frunció ligeramente. Bajó la mirada hacia la chica frente a él y preguntó en voz baja—: Sombra, ¿tienes miedo? ¿O no crees que te amo de verdad?
—No es eso. —Sombra bajó la mirada, con expresión preocupada—. Lo de Somerlandia aún no termina. No quiero que una noticia feliz se mezcle con cosas malas en los titulares.
Además...
En internet, todos la estaban insultando.
Decían que era calculadora, perversa, que había sido capaz de vender a su propio padre y que no era digna de Leonardo Valencia.
Los fanáticos amenazaban con dejar de seguirlo si realmente terminaban juntos.
Y no era solo una amenaza.
Desde que su relación salió a la luz, Leonardo había perdido muchos seguidores y un par de patrocinios internacionales.
Ella no quería arruinar su carrera.
Casarse... sí, claro que lo deseaba, pero definitivamente ahora no era el momento adecuado.
—Creo que Sombra tiene razón. —Sania se acercó, mirándola con ternura y esbozando una sonrisa maternal—. Ahora mismo el internet es un caos. Si eligen este momento para casarse, alguien seguro buscará usarlo en su contra.
No solo no recibirían bendiciones, sino que atraerían problemas innecesarios.
Las bodas debían ser ocasiones alegres, sin cargar con energías negativas.
—Además... —Sania fulminó con la mirada a su hijo, reprendiéndolo—: ¡Una boda no se puede decidir así a la ligera! ¡¿No te da vergüenza tratar a Sombra con tan poca formalidad?!
—Lo siento, no lo pensé bien. —Al darse cuenta de su impulsividad, Leonardo fijó la mirada en el rostro de su novia y se disculpó en voz baja—. Me tomaré en serio lo de la boda.
La propuesta, los regalos, la ceremonia...
Se encargaría de preparar todo con el máximo cuidado.
—Sombra, toma esto. —Satisfecha con la respuesta de su hijo, Sania sacó una bolsa de terciopelo rojo y la puso en las manos de la chica—. Tómalo como los regalos de compromiso de parte de esta familia. A partir de ahora, somos uno solo.
Aunque Sania y Cornelio habían estado atrapados en la Isla Fantasma durante años, provenían de un buen entorno, y con sus investigaciones, inversiones y trabajo anterior, habían acumulado mucho dinero.
Haciendo un cálculo rápido, poseían una inmensa fortuna de activos de más de nueve cifras.

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