—¡Hermana!
—¡Hermana!
—¡Hermana!
Julián no tenía idea de que su hermana ya era famosísima en la capital, y gritaba a todo pulmón como si quisiera derribar el aeropuerto.
Los pasajeros que pasaban se asustaban y volteaban a ver qué sucedía.
—¡¿Quieres morir?!
Con terror de ser reconocida, Sombra lo agarró del brazo y lo jaló hacia ella, amenazándolo con ferocidad:
—¿Quién es tu hermana? ¡Deja de gritar tonterías!
Al escuchar esto, Julián no discutió. Agachó la cabeza, y grandes lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas. Se veía tan miserable que partía el alma.
Al darse cuenta de que había sido demasiado dura, después de todo, el niño apenas tenía unos cinco años...
Sombra apretó los labios y murmuró:
—¿Ya sabes lo de tus padres y tu hermana, verdad?
—Sí.
Julián asintió levemente. Levantó su carita de piel de porcelana, con los ojos enrojecidos, y respondió:
—Mi papá cometió errores muy graves, y mi mamá y mi hermana también...
—Hermana, sé que siempre te trataron mal —su vocecita clara sonaba ahora un poco ronca, mientras apretaba sus pequeñas manos—. Lo siento mucho. No sé cómo compensarte.
—Todavía soy muy chiquito, nadie me daría trabajo, así que no puedo ganar dinero.
—Pero te prometo que, cuando sea grande y trabaje, todo lo que gane te lo daré a ti.
Al escucharlo, el corazón de Sombra se hizo un nudo. Se revolvió el cabello, frustrada, y preguntó con voz grave:
—¿No me odias?
Julián negó con la cabeza y respondió con total seriedad:
—Cuando haces cosas malas, tienes que pagar las consecuencias. Lo entiendo.
Vaya, qué razonable.
No estaba perdido del todo.
—Hermana, si de verdad no quieres verme, me voy ahora mismo —dijo Julián. Se secó las lágrimas con el brazo, tomó su maleta y se dio la vuelta para marcharse.
Caminaba mientras sollozaba, luciendo de lo más patético.
Al ver la pequeña y frágil espalda del niño, Sombra no aguantó más y suspiró con resignación:
—Si vas a estar a mi lado, tendrás que obedecerme en todo.
Julián se detuvo en seco, giró la cabeza bruscamente y sus ojos brillaron de emoción:
—¿De verdad, hermana?
¿No lo iba a correr? ¿Le permitiría ir con ella?

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