—Tú...
Zoe la fulminó con la mirada, pálida como un fantasma.
—No te preocupes, le daré las buenas noticias a mi madre —Sombra forzó una sonrisa, con un tono gélido—. Zoe Alvarado, disfruta de tu merecido castigo.
—¡Sombra, te voy a matar! ¡Te voy a matar!
Al pensar en lo que le deparaba el futuro, Zoe perdió el control y se abalanzó sobre Sombra como una fiera.
¡Pum!
Sombra le propinó una fuerte patada en la pierna. Zoe cayó al suelo al instante, incapaz de emitir sonido alguno por el intenso dolor.
Sombra miró a los guardias que observaban boquiabiertos.
—Defensa personal, ¿cierto?
—Sí.
—Llévensela, no vaya a ser que en su locura muerda a alguien más.
Después de destrozarla emocionalmente...
Sombra fue a la sala de interrogatorios contigua para visitar a Luna Carrasco.
Luna tenía la cabeza gacha y se negaba a cooperar.
—Las pruebas son más que suficientes. Hables o no, tu destino ya está sellado.
Al escuchar la voz, Luna levantó la vista, mirándola con el rostro descompuesto.
Abrió la boca, tan llena de furia que no lograba articular palabra.
Sus ojos destilaban odio puro.
—Solo vine a decirte una cosa —Sombra levantó una ceja, hablando sin prisa—. Leonardo Valencia es mi hombre.
—Tú...
Luna, que se había enterado por televisión de que Sombra era mujer, estaba conmocionada.
—¡Maldita! ¡Maldita!
Ella era la Princesa, la hija del Mandatario. ¡No iría a la cárcel!
—¡En cuanto salga de aquí, te voy a destruir!
—Qué miedo —Sombra esbozó una sonrisa irónica y se dirigió al personal—. Tráiganle un psiquiatra, creo que sus delirios son graves.
—¡Suéltenme!
Luna, fuera de sí, tiró todo lo que había en la mesa al suelo.
—¡No quiero estar aquí! ¡Suéltenme!
¡Zas!

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