—¡Así es!
—¡Aldana, tu ejército ha llegado!
Los estudiantes de informática hablaban todos al mismo tiempo, provocando que Aldana esbozara una sonrisa llena de satisfacción.
Apenas habían caminado unos pasos.
Cuando Lucrecia Mendes y Aldana se toparon de frente.
Lucrecia había dejado atrás su aspecto miserable de días pasados. Ahora lucía una sonrisa radiante y miraba a Aldana con triunfante soberbia.
—Hermana.
Lucrecia se acercó, manteniendo la sonrisa intacta. —Espero que las noticias en internet no te hayan afectado. Pase lo que pase, de verdad deseo que estés bien.
—Prima.
Inés Palma, quien iba del brazo de Aldana, señaló disimuladamente a Lucrecia y murmuró: —Qué mala suerte, no le hagas caso.
Era obvio que Lucrecia había ido a buscar pelea.
—Estoy de maravilla.
Aldana le dio unas palmaditas en la mano a Inés y arqueó los labios en una fría sonrisa. —Rogelio no canceló el compromiso, mis compañeros de informática no me evitan. Y en cuanto a que los internautas me insulten, la verdad es que no pierdo ni un solo centavo, así que me da exactamente igual.
—Al decirte esto, ¿te decepciono mucho?
Lucrecia se quedó sin palabras.
Su sonrisa se esfumó y su rostro se tornó feo de inmediato.
¿La familia Lucero aún no cancelaba la boda?
¿Cómo era posible?
¿No les asustaba que una mujer modificada genéticamente fuera a dar a luz a más monstruos?
—Ríete, ¿por qué no te ríes ahora?
Elena Altuno se metió las manos en los bolsillos y miró a Lucrecia con sarcasmo. —¿Acaso te cuesta sonreír por naturaleza?
—Tú...
Lucrecia se quedó muda, dándose cuenta de cuántos soldados rodeaban a Aldana.
Si seguía discutiendo, seguro saldría perdiendo.
De todas formas, en internet sobraban los resentidos que odiaban a los ricos y deseaban verla caer.
—Solo venía con buenas intenciones —dijo Lucrecia con una sonrisa forzada—. A fin de cuentas, solo tenías un año cuando te modificaron los genes, así que también eres una víctima.
—Pero, ¿estás segura de que esto no tuvo nada que ver con tus padres?
Lucrecia arqueó una ceja y añadió maliciosamente: —Vaya, creo que hablé de más.
—Me alegra ver que estás bien, me retiro.

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