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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 7

CAPÍTULO 7. Una solución perfecta

Las manos le temblaban, las puntas de sus dedos cosquilleaban como si toda la sangre se hubiera ido de su cuerpo, y estaba tan pálida que Elijah creyó que se desmayaría de un momento a otro.

Entre las exclamaciones y felicitaciones de los invitados se excusó un momento con la justificación de ir a prepararse y empujó a Lynett, que trastabilló frente a él hasta una de las habitaciones privadas.

—¡¿Te has vuel…?!

—No, ni loco, y mucho menos idiota —siseó él—. Solo me estoy adelantando a los acontecimientos, ya sabes, hombre precavido vale por tres.

—¡Tú no eres precavido, eres… eres…! —Los ojos de Lynett se llenaron de lágrimas—. ¡¿Cómo te atreviste a decir eso?! ¡Mi padre no te dio mi mano! —espetó con rabia y dolor.

—Ni yo la hubiera aceptado, créeme, pero no voy a dejar que nadie me levante un escándalo solo porque una chica fácil como tú se me atraviese en el camino.

—¡No te permito…!

Pero lo cierto era que no tenía la fuerza. Lynett Evans ahogó un sollozo cuando la mano de Elijah se cerró sobre su cara violentamente, silenciándola. Con diecinueve años y siendo la princesa de su padre toda la vida, Lynett estaba muy lejos de tener la fuerza para defenderse de un hombre lleno de odio.

—¡Tú a mí me permites lo que me dé la gana, ¿entiendes?! Porque vas a ser mi mujer.

—Yo no me voy a casar contigo…

—¡Sí, sí lo vas a hacer, porque solo eres otra interesada buscando un matrimonio ventajoso! Hasta me siento halagado, ¡soy mejor partido que Edgar Masrani!, ¿no es cierto?

—¡Suéltame…! Por favor suéltame… —sollozó Lynett y Elijah se alejó de ella como si fuera algo sucio.

—Te vas a casar conmigo porque no le voy a dar el gusto a nadie de chantajearme. Te vas a casar conmigo porque todo esto empezó por tu culpa. Así que vas a salir ahí, vas a dar el “sí” con la mejor sonrisa que tengas y te vas a comportar, ¡o te garantizo que en una semana estarás cenando en un albergue para indigentes! —escupió con fiereza—. Si el escándalo siquiera me roza… yo te hundo, ¿entiendes?

Le dio la espalda y salió de aquella habitación, sabiendo que no necesitaba decir ni una sola palabra más. Mientras, en el corredor, vacío y privado, ya lo estaba esperando el único hermano Vanderwood al que le había dado tiempo asistir.

—¿Ya está listo nuestro juez “especial”?

Sebastián lo miró con una expresión que variaba entre la duda y la desaprobación.

—Sí, ya está listo, pero… Elijah esta idea no me gusta.

—¿Por qué no? Es la solución perfecta.

—¡Es una mentira!

—Sí bueno… de esa mierd@ está lleno el mundo —siseó Elijah—. Pero créeme cuando te digo que no la dejaré ganar, ni a ella ni a su madre…

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