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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 2

PEQUEÑA REBELDE. CAPÍTULO 2. Un encuentro peligroso

Aquello ni siquiera podía llamarse impaciencia, Ranger daba vueltas de un lado al otro de aquel pequeño avión ejecutivo, que Max había logrado conseguirle en el último minuto, como si el hecho de que él siguiera en movimiento hiciera que el aparato fuera aún más rápido.

El corazón le había subido a la garganta en el mismo momento en que había escuchado mencionar el nombre de Gabriella. Era cierto que no había tenido ningún contacto directo con ella desde que tenía cinco años, pero eso no lo hacía sentirse menos responsable por ella.

—¡Demonios, demonios! —gruñó dándose cuenta de que por más que había intentado mantenerla alejada y protegida, eventualmente alguien había terminado por recordarla, alguien la estaba buscando, alguien que quería usarla como una pieza en algún juego que él todavía desconocía, pero que estaba completamente convencido de que terminaría poniendo la vida de la muchacha en peligro.

No tenía idea de quién era la voz al otro lado del teléfono, pero sí había creído en aquella amenaza. Tenía suficiente experiencia como para saber que no lo habían localizado en vano, y lo peor era que no sabía cuánto tiempo tenía supuestamente para cumplir con el reclamo. ¿Una hora? ¿Un día? ¿Una semana?

No importaba porque igual no iba a permitir que Gabriella volviera al mismo infierno en el que habían muerto sus padres.

Aquellas horas de vuelo se le hicieron eternas, especialmente porque el tipo que tenía contratado como guardaespaldas de la niña, no le contestaba el teléfono.

—¡Maldición! —rugió mesándose los cabellos con impotencia, pero apenas logró poner un pie en suelo neoyorquino cuando se aventuró a toda prisa hacia la casa de Finn Herson, el destacado profesor que llevaba tantos años dando clases en aquel internado.

Cualquier otro habría llamado a la puerta como una persona normal, pero para ese momento ya el amanecer estaba cerca y aquella casa tenía todas las luces encendidas.

Había extrañas marcas de llantas en el pavimento, así que Ranger fue extremadamente cuidadoso mientras se ponía un par de guantes y rodeaba la propiedad con sigilo. La puerta de la cocina estaba rota, había cristales en el suelo hacia la parte de adentro, que demostraban que habían golpeado el vidrio de adorno para entrar por la fuerza a la casa. Y eso por supuesto lo hizo sacar el arma de inmediato.

Maldijo entre dientes mientras avanzaba con el silencio singular de un gato, apuntando su arma con precisión táctica, preparado para cualquier enemigo que pudiera salirle al paso. Sin embargo no estaba preparado para ver aquello, no porque no hubiera visto horrores antes, ¡y Dios sabía que había visto muchos!, sino porque no esperaba que estuvieran tan cerca, no esperaba que ya hubieran alcanzado a Herson, porque eso significaba que para ese momento ya podían tener a Gabriella en sus manos.

El hombre que había cuidado a la muchachita durante los últimos trece años estaba en el suelo de su sala de estar, atado de pies y manos y acuchillado tantas veces que era imposible contarlas. Y eso solo podía significar dos cosas: la primera era que sabían que estaba relacionado con él, de alguna forma lo habían descubierto, y la otra era que no podía estar seguro de si en medio de toda aquella tortura Herson les había revelado a sus asesinos dónde estaba la muchacha.

Pero antes de que la rabia de Ranger Wallis alcanzara su máxima expresión, algo lo hizo detenerse y girar la cabeza de inmediato. Junto al cuerpo, medio oculto entre la ropa y la sangre, había un pedazo de papel con una sola frase, escrita en mala caligrafía y en otro idioma:

«24 ore. Piazza Marzala, Roma. O qualcun altro morirà».

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