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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 2

TOMO 2. CAPÍTULO 76. Solo cosas buenas

Dormía. Era lo más lindo del mundo verla dormir tranquila, acurrucada contra uno de sus costados y sonriendo de cuando en cuando, eso si no hacía algún movimiento suave que la hacía arrugar la nariz, como si recordara aun en sueños exactamente por qué le dolía.

—Te amo tanto, chiquilla… —murmuró con suavidad, lo suficientemente bajo como para no despertarla—. ¿Cómo se supone que voy a regresar a ti? ¿Eh?

Porque si era honesto no lo sabía. No tenía idea de qué podía hacer para que aquella mujer se enamorara de él, y estaba seguro de que jamás sentiría aquella desesperación que sentía por ella.

La apretó aún más contra su pecho y escuchó las protestas con que ella despertaba. No sabía si ella iba a ponerse incómoda por despertar con él de nuevo en la misma cama, pero su pecho se llenó de alivio en el mismo momento en que ella abrió los ojos y esbozó una sonrisa suave.

—Feliz cumpleaños a mí —murmuró y Elijah se mordió el labio inferior.

—Feliz cumpleaños a ti, chiquilla —susurró alcanzando su boca con un beso lento y más tierno de lo que quería—. Ven. Vamos a levantarnos. Seguro que Blair ya está allá abajo haciendo de las suyas.

Y por supuesto que Elijah no se equivocaba, porque para el desayuno ya estaba toda la familia reunida, con los niños corriendo emocionados antes de irse a la escuela y hasta los gemelos habían hecho una escapada estratégica de Nueva York para venir a celebrar su cumpleaños.

No faltaron los regalos, las bendiciones y los buenos deseos para Lynett. Y si alguien encontró extraño que Elijah volviera a desayunar en pijama en la casa de su padre… bueno, nadie se atrevió a decir nada; aunque obviamente Rufus le hacía de cuando en cuando un gesto de esos de: “¡Te estoy observando! ¡Ten cuidado!”

Para las diez de la mañana todos se habían despedido para hacer sus actividades del día antes de volver a reunirse para la cena, y Elijah fue a vestirse decentemente. Sabía que todavía tenía que hablar con ella sobre el regalo, o la posibilidad de compartir tiempo haciendo cajitas de música, pero cuando por fin atravesó el portón trasero de la casa, se la encontró apoyada en una de las verjas.

—¿Me llevas a pasear? —pidió Lynett y él asintió un poco sorprendido.

—Este… ¿tú y yo? —balbuceó.

—Sí. Hace unos días que Sian está en exámenes finales y no ha podido salir conmigo, no me gusta salir sola porque todavía no me conozco bien la hacienda y si me pierdo… Pero bueno si tienes que trabajar…

—¡No, no! ¡Yo te llevo, yo te llevo! —exclamó Elijah apurado y tomó su mano para tirar de ella hacia las caballerizas.

De inmediato le ensilló a Butter y solo unos minutos después salían a campo abierto. Butter estaba emocionado y tranquilo, exactamente como Lynett. Y en contraste Garzón, el purasangre de Elijah, estaba temperamental y nervioso. ¡Exactamente como su dueño!

Recorrieron la parte sur de la hacienda despacio, bordeando el río hasta que llegaron a un pequeño recodo donde soltaron a los animales y Lynett se sentó a la sombra de un árbol enorme, cerrando los ojos sobre la hierba como si por fin estuviera en paz.

Elijah se acostó apoyando la cabeza sobre sus muslos y sonrió inconscientemente sintiendo las manos de Lynett juguetear con su cabello.

—Hay un truco —empezó a decir ella y Elijah sintió que su corazón se desbocaba—, para hacer la melodía más larga. Hay un truco especial, pero para eso necesitamos otro juego de herramientas. Consigue unas para ti y buscaremos dónde comenzar a trabajar. Seguro que tu padre nos presta alguna habitación para eso.

—¿Y si te hago una? —preguntó él y Lynett bajó los ojos para mirarlo.

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