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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 2

TOMO 2. CAPÍTULO 74. Un regalo de cumpleaños

Reía. Reía tanto y con tanta emoción, y a su lado Rufus tenía tal cara de satisfacción que Elijah no demoró ni un segundo en saber que su padre la había engañado, porque la felicidad que veía en los ojos de Lynett era bastante difícil de disimular.

Así que siguieron tocando otra media hora, y Elijah se aguantó otros dos baldes de agua, bajo instrucciones de su padre, y con la mejor disposición de la muchacha.

Finalmente casi a la una de la madrugada Nate despidió a los mariachis con bendiciones y agradecimientos en forma de billetes, y Elijah caminó hacia la puerta trasera de la casa, mientras Lynett bajaba las escaleras tan rápido como podía.

—¡Me voy a dormiiiiiir! —escucharon gritar a Rufus justo cuando Lynett abría aquella puerta para él, y se quedaron mirándose durante unos largos segundos.

—¿Te gustó? —Elijah fue el primero en despegar los labios, y la vio sonreír de oreja a oreja.

—¡Me encantó! —exclamó la muchacha juntando las manos, pero un solo segundo después se dio cuenta de que Elijah estaba tiritando y frunció el ceño.

—¿Por qué…?

—El agua —respondió él sacudiéndose y la expresión de Lynett se llenó de espanto en un segundo.

—¿Quéeeee…? Pero… pero yo no quería… pensé… —balbuceó tirando de él hacia adentro y dándose cuenta de que estaba aterido—. ¡Tu papá me dijo que esa era la tradición! —exclamó asustada.

—Es la tradición para terminar la serenata —replicó Elijah con un puchero—. Si tiras agua desde el balcón es porque quieres que los mariachis se vayan.

—¡¿Eh?! ¡Noooooo! ¡Pero yo no quería que se fueran! —exclamó Lynett—. ¡Te juro que no! ¡Tu padre me dijo…! —Lynett achicó los ojos y se puso las manos en la cintura—. ¡Ese viejito me engañó!

Elijah no pudo evitar la carcajada porque Lynett se veía como si ya estuviera planeando una venganza, pero luego miró al hombre frente a ella de arriba abajo y tosa su expresión se suavizó.

—Te lancé tres cubos de agua encima. ¿Por qué no te fuiste? —le preguntó y él solo se encogió de hombros.

—Porque tú estabas feliz —respondió con sinceridad—. Y solo hice esto para que estuvieras feliz.

Lynett contuvo el aliento por un segundo y se mordió el labio inferior con un gesto de timidez. A veces Elijah era el tipo más fuerte del mundo, y otras veces era el más dulce. Sin embargo antes de que pudiera despegar los labios para regañarlo por haberse aguantado la ducha sin protestar, él dio un paso fuera de la cocina.

—De todas formas, no creas que no esperaba el baño —aseguró Elijah—. Por eso me aseguré de poner esto lejos de mí.

Volvió entrar con un pequeño paquete en las manos, una caja envuelta en papel de regalo, con un lindo moño dorado encima y una tarjeta que decía: “Feliz cumpleaños”

Lynett se quedó estupefacta mirando aquel presente, y Elijah lo puso en sus manos con suavidad.

—Feliz cumpleaños, chiquilla. Espero que te guste, y que cuando las uses te acuerdes de mí… ojalá solo de cosas buenas.

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