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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 2

TOMO 2. CAPÍTULO 73. Nube viajera

Nate miró hacia atrás, hacia las otras dos camionetas que llegaban hasta el portón central de la hacienda. Ellos encabezaban la caravana y parecía que todos estaban a punto de tomar la casa por asalto.

—¡Estamos muertos! ¡Papá nos va a matar! ¡Eso es seguro! —exclamó restregándose la cara y Elijah estiró una mano para palmear su pecho, al pedazo de plástico que le había improvisado a modo de peto debajo del abrigo.

—Por eso mismo estás protegido. A mí no me puede disparar, ya tengo un tiro de crédito, pero como el viejo se ponga bruto, te puede disparar a ti por complicidad y alevosía —se rio.

—¡Dios me guarde y me proteja! —exclamó Nate con dramatismo, pero cuando Matt llegó corriendo para abrirles el portón, supo que la venganza de Rufus Vanderwood repartida entre tres iba a ser menos peligrosa.

Las camionetas pasaron con las luces apagadas y en el mayor silencio. Habían tenido algunos días para planificar aquello. Días en los que Elijah casi no iba a la hacienda, porque si se cruzaba con Lynett solo por casualidad, sabía que tendrían que limpiarle la baba detrás de ella.

Casi una docena de hombres vestidos de negro se bajaron de los autos y comenzaron a rodear la propiedad con el mayor sigilo, hasta que se detuvieron en el lugar que Elijah les indicaba.

—Ahora sí. Esto es todo o nada —sentenció frotándose las manos.

—O el amor, o la masacre —dramatizó Nate.

—¡O los dos! —se burló Matt mientras carraspeaba y se ponía en posición—. Yo ya estoy, tú da la orden.

Elijah respiró hondo, infló el pecho como un gallito de pelea y se dio valor.

—¡Listo muchachos! —exclamó y el sonido estridente y feroz de guitarras, violines y trompetas rompió la madrugada, haciendo que todas las luces de la casa se encendieran a la vez, las ventanas se abrieran y dos o tres maldiciones se escucharan.

Pero nada de eso impidió que aquel grupo de mariachis siguiera tocando con todo el entusiasmo mientras los hermanos Vanderwood asesinaban a grito pelado una canción de Alejandro Fernández.

♪♫ Ay amor ♪♫

♪♫ Aquí estoy preso de tu recuerdo en mi soledad ♪♫

♪♫ Ay amor ♪♫

♪♫ Son tantos años y no hay remedio para mi mal ♪♫

♪♫ Ay amor ♪♫

♪♫Estoy vencido, no tengo fuerzas para luchar ♪♫

♪♫ Ay amor ♪♫

♪♫ No cabe duda que sigo siendo sentimental ♪♫

Elijah vio la puerta de aquella ventana abrirse y casi se le atoraron las palabras en la garganta.

Vio a Lynett asomarse con curiosidad, restregándose los ojos como si no pudiera comprender lo que estaba pasando, hasta que los abrió mucho, dándose cuenta de que Elijah le había llevado una serenata.

Él sonrió sin poder evitarlo al darse cuenta de que el primer gesto inconsciente de Lynett era acomodarse el cabello con nerviosismo, porque eso significaba que quería verse linda. Y la verdad era que podía estar babeando, y a Elijah igual le seguiría pareciendo la mujer más hermosa del mundo.

♪♫ ¿Dónde estás? ♪♫

♪♫ Qué cielo cruzas sin extrañarme nube perdida ♪♫

♪♫ Por qué no vienes a iluminarme luz de mi vida ♪♫

♪♫ Regresa pronto que yo no vivo si no es por ti ♪♫

♪♫ ¿Dónde estás? ♪♫

♪♫ Detén tu vuelo y vuelve a casa nube viajera ♪♫

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