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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 2

TOMO 2. CAPÍTULO 7. Ayúdame

—¡Para el auto!

Aquel reclamo solo lo hizo negar con la cabeza, pero si esperaba a la chica que siempre obedecía, Elijah se topó de frente con una pared.

—¡Detén el maldito coche, Elijah! ¡Me quiero bajar! ¡Para!

Los sollozos de Lynett eran tan fuertes que él no tuvo más remedio que estacionar a un par de calles de la casa de su madre, y ver cómo la muchacha peleaba con el cinturón por bajar del coche.

—¡Oye.. espera, espera! —exclamó Elijah bajando también y siguiéndola de regreso. Cuanto más se apuraba, más se notaba aquella cojera, pero era evidente que en ese momento Lynett estaba fuera de control y no le importaba nada—. ¡Lynett espera! Las cajas de música… no eran fabricadas.

La vio detenerse de golpe y girarse tan despacio, con los ojos desorbitados, que Elijah creyó que estaba perdiendo la razón.

—¿Qué dijiste?

—O sea… sí son fabricadas, pero no por tu padre, o eso creo… Estaban en Amaz0n. Primero creí que tú eras la que las había comprado, pero luego fue lo único que te llevaste de la casa y ahora que estás haciendo cajitas de música también, a lo mejor… —Elijah pasó saliva mientras veía la expresión de incredulidad en el rostro de la muchacha—. A lo mejor tu padre las compraba y te decía que eran suyas.

Lynett retrocedió vivamente, como si le hubiera pegado, y se llevó las manos a la cabeza con un gesto de desesperación.

—¿De qué hablas, Elijah? ¿Cómo que compradas? ¿De dónde sacaste…? —lo increpó pero de repente aquella duda, muy real, la asaltó—. ¿Lyn te dijo eso?

A esas alturas ya no le sorprendía nada de su hermana.

—No, no fue ella, fue… Basset.

Las manos de Lynett se cerraron en puños y solo su mirada bastó para que Elijah sintiera todo el peso de su acusación.

—¿Basset…? Claro… —suspiró cerrando los ojos—. No podía esperar otra cosa de ti…

Pero antes de que pudiera soltar otra palabra visiblemente decepcionada, Elijah sacó su celular y buscó aquel vendedor, porque a pesar de los años no se le había olvidado el nombre. Sin embargo en el mismo momento que abrió la página, algo se retorció dentro de él, porque había enormes comentarios de alerta de que aquel vendedor jamás había entregado un solo producto.

Su yo desconfiado gritaba alto y claro: parecía una página de e****a, algo que alguien había hecho una sola vez y nunca más se había molestado en meterse. Su yo del presente solo quería que un hueco se abriera a sus pies porque entendía lo que eso podía significar.

Sin embargo cuando levantó la vista, ya Lynett caminaba lejos de él, de vuelta a la casa de su madre.

—¡Espera! ¿¡Qué se supone que vas a hacer…!? —intentó detenerla pero ella se soltó con un sollozo.

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