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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 2

TOMO 2. CAPÍTULO 67. Un hombre desplumado

—¿Eh…?

El rostro de Elijah iba de la sorpresa a la consternación en microsegundos.

—¡Que te vas, muchacho! —recalcó Rufus—. ¡Vamos, circulando!

Él pareció reaccionar de un segundo al otro y la sonrisa que se dibujó en su rostro era imposible de describir.

—¿Entonces ella… se queda? ¿Te quedas? —le preguntó a Lynett y su padre fue el que asintió.

—¡Que sí, que se queda…!

—¡Te quedas! —exclamó Elijah corriendo hacia ella y un segundo después Lynett ahogaba un grito de sorpresa cuando él la levantó por la cintura, dándole una vuelta en el aire que solo terminó cuando la puso en el suelo y alcanzó su boca con un beso suave y desesperado—. ¡Te quedas!

—¡Este no entendió nada! —rezongó Rufus—. ¡Blair, la escopeta! —gritó y un instante más tarde Elijah corría hacia la casa por su maleta, ahogado de risa.

Estaba feliz, le importaba muy poco que lo echaran como perrito abandonado. Pasó corriendo junto a Nate y a él también le dio un abrazo de celebración.

—¡Pero para ti no hay besitos! —se burló y su hermano puso los ojos en blanco.

—¿De qué te ríes, idiota, si te estás echando? —le gritó.

—¡Pues el que no debería reírse eres tú, porque me voy para tu casa! —replicó Elijah y Nate hizo un puchero como si aquello le cortara la luna de miel con su tormento personal, pero Blair solo levantó los pulgares y él supo que no había nada que hacer.

Media hora después Elijah salía de la casa familiar con una pequeña maleta y más esperanza de la que había sentido en los últimos siete años.

—Confiéselo, señor Rufus —murmuró Lynett viéndolo decir adiós por la ventana de la camioneta—. Usted lo dejó caer cuando era bebé, ¿no es cierto?

El anciano hizo una mueca de complicidad y de inmediato la llevó a una de las habitaciones más lindas, donde iba a quedarse.

Como Asher había decidido quedarse en Nueva York con su gemelo, en la casa grande solo vivía Rufus ahora, pero siempre estaba llena de gente porque Nate venía de visita todos los días, y Matt y su familia vivían muy cerca, así que la casa siempre estaba llena de ruidos, gente, niños corriendo y hombres trabajando.

Para Lynett era algo inusual, como un pequeño panal que siempre estaba en movimiento y que por supuesto la obligaba a hacer su parte del rol familiar. Heilyn, la esposa de Matt, insistía en cocinar para todo un batallón, y muy pronto Lynett se dio cuenta de que cuando se reunían en las tardes, eso eran exactamente.

Seth y Selina, los gemelos menores de Matt, eran un par de volcanes, pero en contraposición, Sian, el mayor, era concienzudo y maduro para su edad. Los chicos volvían del colegio a jugar, pero él volvía a meterse en las cuadras o en los potreros para trabajar con su padre.

—Tía… oye, ¿me puedes ayudar? —le preguntó Sian unos días después y Lynett hizo un puchero emocionado porque nunca nadie la había llamado así.

—Claro, cariño, dime.

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