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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 2

TOMO 2. CAPÍTULO 54. Una capacidad especial para ser injusto

Elijah vio aquellos ojos cristalizarse por un segundo mientras ella daba un par de pasos atrás, tambaleante, nerviosa, como si tratara de encajar aquel golpe.

—No puede sorprenderme… ya nada puede sorprenderme… —susurró con voz ahogada y Elijah la miró con expresión interrogante, porque estaba más que seguro ahora de que Lynett tenía la respuesta.

—¿Quién lo hizo? —le preguntó haciendo que ella carraspeara con fuerza y se limpiara las lágrimas antes de que rodaran por sus mejillas.

—En ese tiempo todavía creía que había algo… que éramos familia a pesar de todo… —murmuró con voz gélida mientras intentaba hacer memoria—. Debió ser hace… hace más de diez años. Yo estaba muy feliz porque se había acordado de mí y había roto las reglas para traerme estas… estas semillas de cacao… Se suponía que no debían llevarse nada del lugar donde estaban desplegados.

Las pupilas de Elijah se dilataron en un solo segundo porque tenía que reconocerlo: todas sus sospechas habían recaído sobre Florence o Basset, ni por un solo segundo había pensado en Josselyn; no porque creyera que ella era una santa, sino porque a pesar de que no se había comportado bien, era una mujer que había salvado muchas vidas a lo largo de su vida, y no se imaginaba que pudiera ser una asesina a sangre fría, premeditada.

Y aun así las únicas palabras que salieron de su boca fueron para tranquilizar a Lynett.

—Se lo diré a Lieberman apenas salga de aquí, empezaremos a investigarlo de inmediato…

—No estoy diciendo que haya sido ella —murmuró la muchacha pasando saliva—. Solo digo que si estás buscando la conexión con… con el Talio… quizás ahí esté.

Elijah se levantó, abrazándola con fuerza y Lynett ocultó el rostro contra su pecho con una expresión de profunda tristeza. Hacía años que el mundo era un lugar demasiado hostil, demasiado oscuro para ella. No podía creer que fuera así para todo el mundo.

—¿Esto se va a acabar alguna vez? —preguntó con angustia y Elijah levantó su cara hacia él, despejándola por completo para besar su boca con un gesto de consuelo.

—Se va a terminar, te prometo que se va a terminar, y cuando eso pase… el día que salgas por esta puerta, nos vamos a desaparecer. Te voy a llevar a cualquier lugar donde no nos conozcan, vamos a olvidarnos de todo, de las malditas empresas, de nuestras madres… ¡de todo! Te voy a comprar una casita pequeña al lado del mar y voy a cocinar para ti el resto de nuestras vidas.

—Que serán muy cortas, porque tú no sabes cocinar —suspiró ella y Elijah no evitó la sonrisa porque sabía que eso era cierto.

—Entonces, primera tarea de nuestra próxima vida, yo crío la vaca, mato la vaca, y tú cocinas la vaca —sentenció y la muchacha lo estrechó aun con más fuerza, como si un solo centímetro de lejanía con su cuerpo fuera demasiado.

Elijah bajó la cabeza y alcanzó sus labios en un beso suave y lleno de deseo, pero no se permitió descontrolarse, porque eso ya lo iba a hacer cuando saliera de allí.

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