TOMO 2. CAPÍTULO 53. Un callejón sin salida
Elijah sentía que tenía el alma entumecida. Ver a Lynett en aquel lugar, en aquel estado… eso lo estaba matando. Y aunque no fuera directamente su culpa, aunque él no la hubiera acusado, aunque hubiera creído en ella y estuviera tratando de salvarla, no podía evitar sentir que aquella chica tenía demasiada mala suerte cuando él estaba cerca de ella.
La información del forense lo confirmaba: habían matado a Frederick Evans con Talio y lo habían estado envenenando por tiempo suficiente como para que el metal se asentara en sus huesos. Eso no era un accidente, sino que determinaba la premeditación del asesinato.
—¿Qué quieres decir con que los forenses encontraron de donde viene el Talio? —preguntó nervioso y vio a Lieberman sonreír.
—Todas las cosas en el mundo tienen una marca —aseguró el abogado—. Aunque sea microscópica. El Talio se obtiene principalmente de las partículas de los humos de plomo y zinc fundidos, y de los barros obtenidos de la fabricación de ácido sulfúrico… puede encontrarse desde en fábricas energéticas hasta productoras de cemento, fabricación de fertilizantes, explosivos, pinturas, pigmentos, productos textiles, detergentes, refinado de petróleo, plásticos…
Elijah se llevó un par de dedos al puente de la nariz con nerviosismo.
—¡Dios, literalmente hay cientos de esas en todo el país! —murmuró desesperado—. Así que voy a imaginar que estás feliz por alguna cuestión.
Norton le acercó otro informe lleno de fórmulas químicas que Elijah no entendía, pero el Comisionado también parecía satisfecho.
—El Talio solía usarse especialmente en raticidas y pesticidas por su rápida absorción a través del tejido —le explicó Norton—, pero eso también provocó muchas intoxicaciones y muertes accidentales, así que desde 1984, ya no se produce Talio en Estados Unidos. Lo que se utiliza viene de importaciones.
Elijah frunció el ceño sin comprender a dónde quería llegar el policía, pero este puso una hoja de conclusión sobre la mesa, una que sí era perfectamente comprensible hasta para los menos avezados.
—El Talio que los envenenó al señor Evans y a ti tiene trazas de un pesticida que se usa contra la hormiga arriera, para combatir las plagas del cacao —le explicó Lieberman.
Elijah frunció el ceño. No tenía ni idea de dónde se cultivaba cacao en el mundo como para saber de dónde venían con condenados pesticidas.
—Lo mío es el ganado, Lieberman, te puedo hablar de garrapatas, pero no de hormigas. ¿De dónde rayos llegó entonces ese Talio?
El abogado y el comisionado se miraron y aunque parecía improbable estaban seguros. Lieberman se acercó a él y puso una mano en su hombro.
—Voy a decirte esto, pero necesito que pienses muy cuidadosamente si alguna vez Lynett te habló de los viajes de sus padres —le dijo con preocupación—. El pesticida que contenía el Talio vino de Costa de Marfil.
—¿Costa de Marfil? ¿África? —murmuró Elijah pero la verdad era que no había hablado mucho con la muchacha sobre temas tan triviales—. No… la verdad es que no me viene nada a la cabeza. Pero es un buen inicio, ¿no es así?
Lieberman suspiró un poco decepcionado, porque esperaba que un viaje documentado de los señores Evans a África les diera alguna buena evidencia, pero no importaba, había que seguir buscando.
—Claro, es un buen inicio. Comenzaremos a revisar todas las transacciones de Florence Evans y de Enmanuel Basset —le aseguró Norton—. Nos tardaremos un poquito más para hacerlo por la vía más oficial. No podemos saltarnos los permisos de los jueces si queremos que la evidencia sea admisible, pero ahora tenemos una causa probable, así que tenemos muchas órdenes que solicitar para la investigación.

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