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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 2

TOMO 2. CAPÍTULO 52. El siguiente paso

Elijah sentía como si tuviera el corazón a punto de salirse de su pecho. Solo había tocado suavemente el tobillo de Lynett y eso había bastado para que notara la venda blanca y el rastro de sangre sobre ella. Ni siquiera podía explicarlo, pero era como entrar en su peor pesadilla.

—¿Pero qué demonios…? ¡¿Qué fue lo que pasó, Lynett?! —exclamó asustado y un segundo después se la sacaba de encima para sentarla en la cama y se arrodillaba frente a ella.

—No es nada…

—¡Claro que es algo! ¿¡Cuándo te hiciste esto?! —la interrogó mientras miraba su pie de cerca.

—Hace unas horas…

—¡¿Y no te atendieron!? ¡¿Por qué sigue sangrando?! ¡No debería estar sangrando! —exclamó con nerviosismo, porque no era médico, pero se había hecho suficientes heridas en el campo en su vida como para saber que la sangre debía parar.

—No estoy sangrando, Elijah, tranquilízate…

—¡Chiquilla!

—¡Cálmate! —demandó ella tomando su cara entre las manos—. Por favor, cálmate, todo está bien. Solo me lastimé un poco caminando hacia aquí pero no es nada más.

Elijah apretó los labios en un gesto de muda impotencia y repasó la venda con las puntas de los dedos

—¿Quién te hizo esto? ¿Qué fue lo que pasó? —preguntó angustiado—. ¡No me digas que…!

—Fui yo, me descuidé —susurró ella porque no tenía caso que saliera de allí todavía más desconcentrado de lo que ya estaba—. Una de las macetas del invernadero se me cayó y me corté con uno de los trozos, pero no es nada…

Elijah apoyó la frente en sus rodillas y negó con desesperación. Ya no sabía si Lynett le estaba mintiendo o no para tranquilizarlo, solo sabía que no podía con aquella ansiedad de estar pensando constantemente en que algo le podía pasar.

—Ven, ven acá, tranquilízate —sonrió ella tirando de él hacia la cama y pensando en la ironía de que fuera ella por una vez quien lo calmara.

Elijah apoyó la frente en la suya, envolviéndola en un abrazo posesivo, pero a pesar de aquel calor que surgía entre ellos, no se atrevió a llegar más allá.

—Lo siento, chiquilla, siento que esté pasando todo esto… —murmuró mirándola a los ojos y Lynett no pudo explicar aquel impulso, solo sentir las consecuencias cuando sus labios se estamparon contra los de Elijah.

Escuchó aquel jadeo que era una mezcla de sorpresa e incredulidad, y luego la respuesta, aquel beso posesivo, lleno de urgencia, de necesidad y de deseo. Su boca era suave, nerviosa y demandante, y la lengua de Elijah se hundió entre sus labios con fascinación, como un hombre sediento que no hubiera probado agua en demasiado tiempo.

Los brazos de Lynett se cruzaron detrás de su nuca y sintió aquel movimiento firme con que la arrastró a su regazo, haciendo que se sentara sobre él mientras el cuerpo de Lynett se pegaba completamente al suyo.

Todo sobre Elijah Vanderwood le dolía, y estaba muy segura de que aquel era un trauma severo y permanente, porque más le había dolido estar sin él. Más le dolía cuando aquellos brazos simplemente desaparecían.

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