TOMO 2. CAPITULO 48. Tú
La pesadilla estaba ahí, latente y peligrosa. Cada vez que cerraba los ojos, Lynett no entendía si había soñado que estaba en la cárcel o que Elijah le creía y le había dicho que todo estaría bien, pero era como si las dos cosas no pudieran coexistir en el mismo universo.
Se acurrucó en su pequeña cama de la litera cuando la puerta de la reja volvió a abrirse y una mujer mayor entró. Se veía bastante golpeada por los años, pero aun así su expresión era absolutamente fría y feroz.
Durante un momento sus ojos se cruzaron con los de la otra prisionera, y la mujer hizo una pregunta para la cuál ya sabía la respuesta.
—¿Tú eres Lynett Evans? —la escuchó y sus ojos se abrieron con sorpresa—. ¿Eres la mujer de Elijah Vanderwood?
Lynett contuvo el aliento porque no tenía idea de cómo aquella mujer había obtenido esa información o por qué pensaba que era cierta.
—¿Cómo…? ¿Quién te dijo…?
—Él me lo dijo —sentenció Adaline haciéndole una señal al guardia para que cerrara la puerta, ahora que ya estaba segura de con quién estaba hablando—. Tal como me dijo que si se te rompía una uña no iba a ayudarme a salir en mi próxima junta de libertad condicional —advirtió sentándose junto a ella y tomando una de sus manos con un poco de sarcástica brusquedad—. Así que procura mantener estas uñitas bien arregladas.
Lynett la miró con expresión incrédula porque no comprendía nada de lo que estaba pasando, pero era evidente que aquella mujer llevaba ya varios años en prisión.
—Cuando salgamos de esta celda no te separes de mí. Con suerte no estarás aquí más de un mes, pero entre estas paredes basta un solo minuto para que te hagan daño. ¿Entiendes? —le dijo Adaline con seriedad—. Buscaré que nos den los trabajos más básicos y solitarios, limpiar retretes no es agradable, pero tampoco requiere un gran esfuerzo y nadie se meterá con nosotras. Así que las reglas son simples: trabaja sin rechistar y no te separes de mí. ¿De acuerdo?
Lynett asintió con expresión un poco perdida, pero estuviera de acuerdo realmente o no, tampoco tenía muchas opciones y necesitaba sacarse la duda.
—¿Usted… cómo es que conoce a Elijah? ¿Por qué él puede ayudarla a salir? —preguntó con voz queda.
La mujer apretó los labios y se levantó de la cama, tomando las cosas de Lynett de la litera de abajo y lazándolas a la de arriba sin muchos miramientos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana