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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 2

TOMO 2. CAPÍTULO 46. Pactando con el enemigo

—Es un sacrificio, probablemente uno de los mayores que harás en tu vida. —La voz de su padre era tan ronca que Elijah creyó por un momento que se había echado a llorar sin que él lo viera—. Así que tienes que decidir si Lynett lo vale. Si ella vale que bajes la cabeza y te sacrifiques.

Elijah apretó los puños con impotencia porque aquella propuesta de su padre lo había dejado mudo por algunos minutos.

—Sabes lo que te hizo… lo que nos hizo a todos… —murmuró dolido.

—Créeme, cada día lo voy descubriendo más —replicó Rufus y Elijah se puso lívido, porque no tenía idea de si Rufus sabía o no que él no era su hijo biológico—. Pero si amas a Lynett, entonces te hace falta esta tregua. Si no quieres hacerlo tú, entonces yo lo haré por ti, pero si de verdad amas a esa mujer, pondrás su seguridad por encima de todo, incluso de tu dolor y de tu orgullo.

Elijah sintió aquellas lágrimas cosquillearle en los ojos durante algunos segundos pero finalmente asintió.

—Está bien… Está bien. Vamos a hacerlo —sentenció y un instante después se giraba hacia Lieberman—. Nosotros nos encargaremos de la protección de Lynett en el correccional. Tú encárgate de apresurar el juicio.

El abogado asintió con determinación y le dio la mano.

—Mándame a Anders, necesito un ayudante joven para correr por los pasillos del juzgado, yo tengo el alma de un profesional pero a estas alturas mi cuerpo es completamente amateur, que corran los jóvenes —declaró y Elijah se ocupó de poner sobre aviso a Anders de inmediato—. Muy bien, nos vemos mañana a primera hora en mi despacho, hay algunas cosas que quiero compartir con ustedes.

Se despidieron apresurados y Rufus y Elijah se sentaron en un café cercano, mientras el patriarca de los Vanderwood hacía una llamada tras otra y comenzaba a cobrar favores de esos que no se pueden rechazar. Finalmente dos horas después les dieron la respuesta que esperaban y los dos se dirigieron al departamento de Sebastian en la ciudad, que ya tenía el grito en el cielo y a medio departamento de policía movilizado.

—¡¿Cómo se les ocurrió!? —los regañó molesto—. ¡Y tú, papá! ¡¿Lo ayudaste a escaparse del hospital?! ¡Es que no puedo creerlo!

Rufus puso los ojos en blanco y palmeó su hombro.

—No te preocupes, hijo. Un día cuando estés enamorado hasta los huesos, te ayudaré a ti también a escaparte de donde lo necesites —le advirtió y Sebastian hizo una mueca como si no pensara enamorarse jamás.

—Mejor voy a llamar a una ambulancia para que venga por Elijah y…

—No te molestes, no voy a volver al hospital —sentenció su hermano—. Que me pongan alta voluntaria o algo así, pero ahora mismo tengo muchas cosas que hacer y eso no incluye estar conectado a monitores.

Sebastian estaba a punto de poner el grito en el cielo cuando la orden de Rufus lo detuvo.

—Ve a bañarte, Elijah, descansa un poco, en exactamente cinco horas tenemos que estar de vuelta en el correccional.

—¿Eh? ¿En el correccional? ¡¿Por qué?! —protestó Sebas y su padre lo hizo sentarse en una silla.

—Hijo, muchas cosas van a suceder en poco tiempo a partir de ahora, y tenemos que estar más unidos que nunca, así que por favor, apoya a tu hermano, porque ahora es cuando más lo va a necesitar.

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