TOMO 2. CAPÍTULO 44. Tengo que hablar con ella
—¡No lo entiendo y jamás lo voy a entender! —gruñó Rufus tratando de aguantarse aquella frustración—. ¡Se supone que al menos en un hospital conserves un mínimo de dignidad, carajo! ¡¿Entonces por qué diablos nos ponen estas batas que tiene que andar uno con el culo al aire, caminando de espaldas a la pared para que no le vean las nalgas!?
Elijah miró a su padre mientras este buscaba dónde parapetarse para cambiarse aquella bata de hospital. Finalmente encontraron un pequeño baño y se hicieron los desentendidos para ir a cambiarse por la ropa que acababan de robar de uno de los armarios de los enfermeros. Alguno de ellos tendría que volver a casa en su uniforme, lamentablemente.
Pero en aquel momento lo único que Elijah tenía en la cabeza era llegar a la mansión Evans para ver a Lynett.
Él y Rufus salieron sigilosamente del hospital y tomaron el primer taxi que frenó junto a ellos.
—Espero que estés seguro de esto —sentenció su padre—, ¡porque ahora te estoy vigilando y a la primera cagada te juro que te pego!
Elijah sonrió por lo bajo y apoyó la cabeza en el respaldo del asiento.
—Tú también sabes que ella no sería capaz. Lynett abandonó la demanda, viejo, la dejó y me sacó de la cárcel para que pudiera estar contigo cuando te pusiste mal. Ella no es una asesina. Además lo que podía querer de mí, yo ya se lo había dado —murmuró refiriéndose a las acciones.
—Y ella ya lo había devuelto —replicó su padre y Elijah frunció el ceño.
—¿De qué hablas?
—Cuando te trajeron al hospital ella estaba conmigo, había venido a entregarme los documentos de las acciones, todas las de nuestra empresa —le contó Rufus—. Solo se quedó con las acciones de la empresa de su padre.
Elijah balbuceó unas cuantas palabras de sorpresa, pero ninguna fácilmente distinguible, así que su padre decidió tomar eso como una confirmación de que se podía confiar en Lynett.
—Realmente no te ha hecho daño, no comparado con lo que podría haber hecho, ¡o con lo que te merecías! —gruñó Rufus sacudiendo una de sus orejas—. Pero no creo que esa niña tenga nada que ver con esto.
Él pensaba lo mismo, solo quería llegar a la mansión Evans para aclararlo.
Sin embargo sintió que su corazón se desbocaba cuando se anunció y enseguida lo dejaron pasar a un despacho donde solo estaba el abogado.
—¿Dónde está Lynett? —fue su primera interrogante y vio a Liberman apretar los labios en una fina línea de molestia—. ¡Maldición, no me digas que la tienen en la comisaría! —exclamó Elijah con los ojos azorados y Jacob negó.
—No, no está en la comisaría… la llevaron al correccional de Bedford Hills —murmuró Lieberman y Elijah ni siquiera imaginaba que el abogado tenía su propia historia con aquella cárcel de mujeres que aun después de tantos años le estaba despertando los peores recuerdos.
—¿Cómo…? —Elijah retrocedió sintiendo como si tuviera el maldito veneno circulándole por el cuerpo todavía—. ¡¿Cómo que en Bedford Hills, Lieberman!? ¡¿Por qué la llevaron allá?! —gritó.
—Porque el fiscal decidió levantar cargos contra ella y el juez le negó la fianza —gruñó el abogado—. Sabes que Lynett pensaba irse, solo estaba esperando a poner las cosas en la empresa, pero lo último que quería era regresarle a tu padre las acciones de la empresa y luego se iría. El avión estaba preparado, y el fiscal decidió interpretarlo como una intención de escapar.
—¡Maldición! —rugió Elija mesándose los cabellos—. ¿¡Y cómo permitiste eso!? ¡¿Cómo no la sacaste…?!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana