TOMO 2. CAPÍTULO 43. Un presentimiento
Sentía el cuerpo pesado, y tan adolorido como si le hubiera pasado un camión por encima, pero aun así Elijah hizo su mayor esfuerzo por abrir los ojos, como si aquel sexto sentido, totalmente inconsciente, le insistiera en que debía despertar.
Miró alrededor aturdido, mientras el pitido estridente de los monitores le herían los oídos, y solo unos segundos después una comitiva de médicos se abalanzaba dentro de la habitación para revisarlo.
—¿Dónde…? —preguntó con dificultad, sintiendo la saliva pastosa en su boca.
—Está en el hospital, señor Vanderwood —le explicó uno de los médicos—. Sufrió un… percance.
Elijah frunció el ceño mientras se quitaba la incómoda mascarilla de oxígeno y pestañeó despacio, tratando de ubicarse.
—¿Percance…? —De repente recordó lo mal que se había sentido en su oficina mientras tomaba un trago con su hermano—. ¿Qué fue lo que me pasó?
Los médicos se miraron con preocupación y luego el jefe de todos mandó a llamar a un familiar para que estuviera con él.
—Va a ser verdad eso de que hierba mala nunca muere —suspiró Sebastian abrazándolo—. Y tú tienes que ser de la peor especie de hierbita para haber salido de esta.
Por su sonrisa sincera era evidente que se alegraba de ver a su hermano despierto, pero Elijah lo conocía demasiado bien como para que pudiera esconderle su preocupación.
—¿Qué fue lo que pasó? —lo increpó Elijah y los médicos se disculparon para retirarse.
Sebastian acercó una de las sillas y se sentó frente a su cama.
—Colapsaste en la oficina… colapsaste después de ser envenenado.
Los ojos de Elijah se abrieron como platos y pulsó con insistencia el botón de la cama para levantarla hasta que estuvo semisentado.
—¿Qué estás diciendo, Sebas? ¿Cómo que envenenado…? ¿Y tú estás bien? —preguntó asustado y su hermano asintió.
—No estaba en el whisky que nos tomamos, Elijah —dijo Sebastian con tono sombrío—. Has estado mal desde hace cinco días, y en ese tiempo la policía se puso a investigar.
Elijah pasó la poca saliva que su boca producía. No podía creer que alguien hubiera conseguido llegar tan cerca.
—Bueno, no es como que no hayan tratado de matarme antes —suspiró—. Todavía tengo dos costillas rotas por el supuesto accidente. Lo que no entiendo es por qué ahora. Quiero decir… el divorcio con Josselyn ya salió, no le sirvo de nada muerto, perdería la pensión que le doy…
Elijah se detuvo ante el silencio de su hermano y lo miró a los ojos.
—¿Qué es lo que no me estás diciendo, Sebas? —lo interrogó.
—Nada indica que este atentado haya tenido que ver en el anterior, Elijah. De este encontraron pruebas… encontraron un responsable…
—¿A quién? ¿¡Quién lo hizo!?
Sebastian respiró hondo, pero no había buena manera de decir aquello.
—Lynett.
Durante un largo minuto el rostro de su hermano se convirtió en una máscara aturdida, pero en cuanto despegó los labios su primera palabra lo sorprendió a él.
—No.
—¿Qué…?

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