TOMO 2. CAPÍTULO 41. Un asunto familiar
El silencio en aquella sala fue inmediato y cargado de consternación. Lynett se cubrió la boca con una mano porque no podía creer que aquello estuviera pasando. No había visto a Elijah en los últimos quince días, pero no podía imaginar que alguien pudiera querer lastimarlo.
—¿En—envenenado? —balbuceó Matt acercándose al doctor—. ¿Está seguro?
El médico suspiró con incomodidad, pero terminó asintiendo.
—Los síntomas que tiene son los de un enfermo cardiaco de setenta años, no son consistentes con… ¡bueno, con nada!
—Doctor, pero no entiendo… yo estaba ahí con él cuando se tomó… nos bebimos unos tragos de una botella, yo también tomé —le dijo Sebastian y el doctor frunció el ceño.
—Entonces venga conmigo, por favor, tenemos que hacerle análisis a usted también lo más pronto posible.
Todos se quedaron ansiosos mientras el médico guiaba a Sebastian hacia uno de los laboratorios. Ni siquiera podían hablar, pero aquel pensamiento pareció ser compartido cuando todos se giraron a la vez hacia Lynett y la muchacha retrocedió instintivamente.
—No… yo no tuve nada que ver… —dijo ella espantada y Nate se le acercó apurado.
—No estamos diciendo que hayas sido tú, pero no puedes negar que entre las personas que tenían conflicto con él, que querían vengarse…
—¡Y ya lo hice! —replicó Lynett con desesperación—. Mi venganza ya la obtuve. ¡Y tú mismo viste que vine hoy solo para devolverle a tu padre las acciones de tu familia! ¡¿Por qué demonios querría a Elijah muerto?!
Los hermanos Vanderwood la miraron con recelo, porque trágicamente la consideraban tan peligrosa como a Josselyn o a Florence.
—Por favor, vete de aquí —le pidió Asher con suavidad—. Estamos tensos y la gente puede decir cosas tontas al calor de la preocupación. Este es un asunto familiar, por favor déjanos solos.
Lynett miró a su abogado con un gesto impaciente, pero Lieberman solo hizo lo más sensato, que fue negar mientras le señalaba la puerta para escoltarla. Los Vanderwood estaban en todo su derecho de no querer allí a nadie más que a la familia, en especial cuando había un atentado de por medio.
—Nathaniel —advirtió el abogado antes de salir—. Cualquier ayuda que necesiten, no duden en pedirla.
—Gracias —respondió Nate—. Pero como dije, será mejor que esto se maneje en familia y con los abogados de la familia.
Lynett salió de allí con el corazón estrujado. No entendía lo que estaba pasando, pero algo en su instinto reaccionaba a aquella noticia.
—Recoge tus cosas, vamos a adelantar el regreso a Europa, mandaré a preparar el avión ahora mismo —sentenció Lieberman apenas llegaron a la mansión Evans.
—¿Qué…? ¡¿Por qué?! —lo interrogó la muchacha.

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