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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 2

TOMO 2. CAPÍTULO 39. Algún día

Lynett no sabía cómo explicarlo. Qué sentía o qué emociones la dominaban por tener en las manos su venganza cumplida, pero definitivamente “satisfacción” no era parte de ellas.

Retrocedió hasta una mesa cercana y dejó allí la carpeta de documentos, como si no fuera la razón por la que había regresado después de tantos años.

—Muñeca… ¿qué pasa? ¿Estás bien? —se adelantó Elijah con semblante preocupado al ver que la mirada de la muchacha estaba perdida y confusa.

—No puedo… —Lynett sintió aquellas náuseas dominándola—. No puedo hacer esto… —susurró mientras sentía que las fuerzas la abandonaban—. No puedo seguir haciendo esto.

—¡Oye… oye, todo está bien! —susurró Elijah acercándose con cautela pero sin atreverse a tocarla—. Te prometo que todo va a estar bien. Ahora puedes… puedes irte y olvidarte de mí. Vas a estar genial en Italia con… con esa familia que tienes… ¿no es así?

Elijah sentía que él mismo se rompía el corazón diciendo aquello, pero más lo hizo el gesto de afirmación de Lynett.

—Este… también te traje otra cosa —intentó sonreír él.

Sacó de su chaqueta una pequeña caja y puso frente a Lynett la cajita que había comprado en la subasta de la joyería.

—Es evidente que nunca voy a descubrir cómo funciona ese mecanismo, pero si un día me quieres decir… si me quieres contar… quizás podríamos hablar alguna vez sobre… sobre las cajas de música.

Los ojos de Lynett se humedecieron en un segundo al ver la cajita que había pasado meses construyendo. Sabía que algo como aquello llamaría la atención de Elijah de inmediato, pero la había hecho con tantos recuerdos que si era honesta, le había costado muchísimo desprenderse de ella.

La abrió con cuidado y los dos se quedaron en absoluto silencio escuchando aquella melodía hasta que solo quedaron sus ecos en el aire.

—Lo siento… —susurró Elijah—. Debía amarte más, debí cuidarte más. Todo, absolutamente todo lo que pasó, Lynett, fue mi culpa. ¡Todo fue mi culpa! Todo lo que me odias, todo lo que perdimos… todo fue culpa mía.

—No solo tuya…

—Eso no importa. Mi parte es más que suficiente como para estar en penitencia el resto de mi m*****a vida… y nada va a cambiar eso.

La muchacha apretó los labios en un mudo gesto, y luego se giró hacia uno de los contenedores que había sobre la mesa. Las cosas de su padre estaban allí de nuevo, y Lynett sacó un pequeño cuaderno con dibujos. Estaba a punto de extenderlo hacia Elijah cuando vio otra cosa y la tomó también.

—Son diseños para melodías más largas —le dijo con suavidad entregándole el cuadernito y luego le extendió una vieja bolsa de cuero.

Elijah la abrió para encontrar ordenadas dentro pequeñas herramientas de todo tipo.

—Esto es…

—Eran las herramientas de mi padre —murmuro Lynett—. Yo tengo las mías, hechas a la medida de mis manos así que esas son demasiado grandes para mí… pero no para ti.

La expresión de Elijah se llenó un poco de impacto y otro poco de esperanza. Sabía cuánto valoraba Lynett las cosas de su padre, así que no estaba seguro si aquello era una despedida o una forma de mantenerle vivo el recuerdo de la muerte de su padre.

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