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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 2

TOMO 2. CAPÍTULO 38. Una amenaza convincente

Probablemente hubiera muchas formas de decir aquello, pero Elijah sabía que difícilmente encontraría las palabras correctas para hacer entender a Lynett que la amaba, que la amaba con todo su corazón a pesar de todo lo que había pasado entre ellos, y a pesar de que fuera imposible para ella perdonarlo.

Las siguientes horas fueron largas y agotadoras hasta que por fin el médico salió y les anunció que el señor Rufus estaba fuera de peligro.

—La verdad esto parece que haya sido hasta cuestión de suerte. El marcapasos estaba fallando —les explicó el doctor—. Darnos cuenta a tiempo probablemente fue lo que salvó su vida.

Los hermanos Vanderwood se abrazaron con un suspiro de alivio, pero cuando los ojos de Elijah buscaron a Lynett, se dio cuenta de que ella se estaba retirando discretamente. Sabía que eso era lo único que la muchacha estaba esperando para poner una distancia definitiva entre ellos, y no sabía cómo, pero no estaba dispuesto a permitirlo.

—Va a estar bien… va a estar bien… —susurró Sebastian con nerviosismo.

—Sí, eso es lo único que me tranquiliza —sentenció Elijah y luego tiró del brazo del gemelo para llevarlo a un sitio más privado—. Pero necesito resolver algo más, Sebastian.

Su hermano lo miró casi con horror.

—¡No me digas que ese algo tiene que ver con Lynett, por favor! ¡Es una chica increíble, pero ya demostró que tiene los pantalones bien puestos y que te odia y…!

—¡Sebas, Sebas…! —lo interrumpió Elijah—. Ella declaró para que me dejaran salir. Declaró ante el fiscal que había mentido, para que retiraran los cargos, ya no puede demandarme.

Sebastian arrugó el ceño y cruzó los brazos imaginando lo que venía.

—Entonces, si no puede demandarte, ¿qué es exactamente lo que quieres resolver?

Elijah respiró profundo y miró su reloj.

—La hora. Necesito resolver la hora. Me dieron mi carta de liberación ayer en la noche… necesito que arregles los documentos antes de eso —le pidió.

—¡Y me dicen el genio de la lámpara! —exclamó Sebastian.

—Si alguien puede hacerlo eres tú —decidió Elijah y su hermano se mesó los cabellos.

—¿Estás seguro de que quieres hacer eso? —preguntó.

—Completamente.

Sebastian terminó por hacer un gesto de asentimiento y le dio la mano en señal de que estaba dispuesto a ayudarlo.

—Muy bien. Tendré que salir ahora, pero papá estará en recuperación por algunas horas, así que tengo tiempo. Cuando regrese, ya te traeré los documentos listos.

Elijah lo acompañó hasta la salida del hospital y regresó con algo de comer para sus hermanos. Un par de horas después, cuando por fin el médico les dijo que podían entrar a ver al señor Rufus, todos lo empujaron para que pasara él primero, porque sabían que a la persona que más quería ver su padre era a él.

—¡Estoy bien! ¡Estoy aquí! Ya todo se arregló, papá —Fueron las primeras palabras que salieron de su boca y vio a su padre cerrar los ojos con un gesto de consuelo—. Lo siento mucho, viejo, no quería que te pusieras así… y Lynett tampoco lo quería… te juro que Lynett tampoco lo quería, ella se quedó hasta ahora

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