TOMO 2. CAPÍTULO 35. Un hombre de rodillas
Los oficiales de policía tuvieron la decencia de esperar a que la ambulancia se llevara al señor Rufus, pero más allá no había nada que pudieran hacer.
—¡Ahora voy contigo… ahora voy contigo…! —exclamó Sebastian corriendo hacia su auto, pero Elijah negó.
—¡No, no…! ¡Vete con papá! ¡Vete con él, solo llama a Anders! —respondió mientras lo hacían entrar en la patrulla para llevárselo.
Elijah sentía que su corazón se saldría del pecho. La culpa lo perseguiría para siempre si a su padre le pasaba algo, y por más que le doliera no podía evitar pensar que se merecía ese dolor.
Los minutos comenzaron a pasar como una larga nebulosa para él mientras lo fichaban, le leían apropiadamente los cargos y el fiscal de distrito se reunía con él.
—Abogado —fue lo único que salió de sus labios mientras lo esposaban a la mesa de interrogatorios.
—Señor Vanderwood, espero que entienda que este es un caso penal ahora. El fraude es una cosa seria, pero firmar legalmente documentos médicos por otra persona sin la debida autorización es un delito grave. ¿Entiende lo que esto significa?
—Abogado —respondió Elijah mirando a un punto fijo en medio de la mesa y el fiscal golpeó la superficie con frustración.
—¿Al menos le gustaría decir algo que no fuera “abogado”? —siseó el fiscal y Elijah asintió levantando la mirada.
—Quiero mi llamada telefónica.
El inspector que estaba también en la sala salió de allí con frustración, porque para ser un niño rico, Elijah Vanderwood prometía ser un hueso duro de roer, pero unos minutos después le acercó un teléfono y Elijah marcó un único número que estaba destinado a saber de su padre.
“Los médicos no saben lo que tiene todavía… dicen que no es otro infarto, Elijah, pero no logran estabilizarlo” le dijo Nate. “¿Ya llegó tu abogado?”
—Debe estar por aparecer —aseguró Elijah—. Estaré ahí lo más pronto posible pero por favor, no dejes que a papá le pase nada… por favor…
Sin embargo Elijah sabía que su hermano no podía prometerle nada, y una hora después, aunque Anders estaba con él y haciendo todo lo posible por sacarlo, la vista para una fianza demoraría al menos un par de días.
—Es un caso federal ahora. El fiscal está pidiendo cinco años para ti —le dijo el abogado con impotencia.
—Solo quiero ir a ver a mi padre, Anders. ¡Tienes que hacer algo! ¡Solo quiero ir a ver a mi padre, lo que pase después conmigo no me importa! —le suplicó con desesperación y Anders respiró profundo tratando de ser un abogado más astuto que el sistema.

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