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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 2

TOMO 2. CAPÍTULO 34. El último paso

Lynett parecía una fiera a punto de atacar, y Elijah solo se llevó las dos manos a la cabeza y se mesó los cabellos con desesperación.

—Lynett tu padre tenía problemas de dinero en la empresa, ya viste que lo habían estado desfalcando, necesitaba ayuda…

—Pero esa ayuda no tenía por qué venir de ti ¿no es cierto? —replicó ella con rabia—. Mi padre podría haber conseguido un préstamo, podría haber vendido menos acciones, podría… ¡No sé, podría haber hecho otras cosas para salvar la empresa, pero tú no se lo permitiste! ¿No es así? ¡Tú le cerraste cada puerta, le quitaste cada oportunidad hasta que no tuvo más opción que venderte! ¡Dime que es mentira!

Pero Elijah no podía desmentir eso. Desde el mismo segundo en que había estado en la Transportadora había sido capaz de reconocer la oportunidad tan grande que era y había hecho hasta lo imposible por hacerse con la mitad de las acciones.

Así que aquel silencio, largo y doloroso, solo fue roto por el tono tenso de la muchacha.

—¡No me importa si no pusiste una bala en su cuerpo, para mí, tú eres el responsable de la muerte de mi padre, tú destrozaste su corazón! ¡Y nada, nada va a cambiar eso! ¡No hay amor en el mundo que pueda cambiar que mataste a mi padre! ¡Así que por tu propio bien, dame lo que quiero y sal de mi camino! ¡Olvídame, aléjate, desaparece, porque yo no tengo nada de amor para ti!

Lynett tomó una carpeta que había sobre un mueble cercano y la estampó contra el pecho de Elijah sin que le importara aquel gesto de dolor por sus costillas rotas.

—¡Lo único que tenemos que hablar tú y yo es sobre la demanda! ¡Quinientos veintiocho millones, es lo que quiero! ¡Todo lo que tienes, es lo que quiero! —siseó ella—. Y no voy a parar hasta conseguirlo.

Elijah pasó saliva con tristeza, pero acarició aquel documento con la demanda por algunos segundos antes de lanzarlo lejos, sobre el sofá.

—No voy a firmarte nada —sentenció. “Al menos no todavía”—. Vamos a pelear en los tribunales, lo haré tan largo como sea necesario, pero no me voy a rendir —aseguró acercándose a ella de nuevo—. No me voy a rendir porque a pesar de todo lo que ha pasado… simplemente no puedo. Si no te tengo a ti, no tendré a nadie nunca… así que no tengo más opción que pelear.

Lynett apretó los labios y levantó la barbilla con un gesto desafiante.

—Deberías estar agradecido de que lo único que estoy intentando quitarte es tu dinero —murmuró con sorna—. Pero si quieres pelear… entonces te aseguro que vas a conocer muy pronto todo lo demás que puedes perder.

Su mirada se dirigió hacia la puerta como una muda orden, como una declaración de que ya no tenía nada que hacer allí, y Elijah respiró hondo mientras no le quedaba más remedio que irse.

Un segundo después Jacob Lieberman entraba en aquella habitación y miraba con curiosidad al rostro impasible de Lynett.

—¿No ha resultado bien? —preguntó con cautela y ella negó.

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