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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 2

TOMO 2. CAPÍTULO 33. Una mujer diferente

“Resiste”. Parecía un consejo muy estúpido pero la siguiente frase fue la que le dio sentido: “El primero que se canse, pierde”.

Elijah no tenía idea de cómo podía resistir, de cómo podía seguir insistiendo con Lynett a pesar de todo lo que había pasado, pero según Lieberman, el roce hacía el odio y el amor, y a veces, solo a veces y con el coraje correcto, se lograba pasar de uno al otro.

Se regresó a casa de su hermano, con el corazón pendiendo de un hilo pero la determinación a tope, y al día siguiente cuando Anders llegó a su oficina, lo primero que hizo fue comunicarle su decisión.

—Vamos a pelear —determinó—. Pide una reunión con Lynett, por favor. Vamos a sentarnos a negociar.

Anders lo miró como si le hubiera salido otra cabeza.

—¿Sí entiendes que pelear y negociar son dos cosas distintas, verdad? —lo increpó y la sonrisa que apareció en el rostro de Elijah le confirmó que ya se le había caído la última tuerca y que se estaba volviendo loco.

—Sí, ya sé, pero primero nos resistimos, luego negociamos y… no sé vamos haciendo tiempo.

—Tiempo… —murmuró Anders asustado.

—¡Yo me entiendo! ¡Tú hazme caso! —exclamó Elijah y las dos horas que tardaron hasta conseguir la reunión las pasó andando de un lado a otro de la oficina.

Estaba nervioso. Estaba nervioso por demasiadas cosas, pero apenas les abrieron la verja de la mansión Evans, Elijah sintió como si todo el peso del mundo descansara sobre sus hombros.

—Cinco minutos —fueron las primeras palabras que salieron de sus labios cuando estuvo frente a Lynett—. Cinco minutos en privado, tú y yo. ¡Por favor! —suplicó y Lynett despegó los labios aturdida, porque ciertamente no era eso lo que había esperado, pero antes de que pudiera responder ya Lieberman le estaba haciendo una señal al abogado de Elijah para que salieran.

—Por aquí, licenciado, por favor, vamos a aprovechar usted y yo para ponernos de acuerdo en las condiciones de pago.

Lynett los vio salir y soltó el aire mirando a Elijah.

—No veo de qué tendríamos que hablar a solas… —murmuró y no pudo evitar el gesto de sorpresa cuando lo vio acercarse.

—No me acosté con Josselyn —declaró él con tono tajante.

—¿Y sientes la necesidad de aclarármelo por…?

—Tampoco me acosté con ninguna otra mujer después de ti —añadió Elijah y Lynett pestañeó despacio por el exceso de información.

—¿OK…?

—Y si tú te acostaste con alguien no quiero que me lo digas, por favor. No quiero saberlo.

—Elijah…

—Estoy enamorado de ti.

Aquella confesión cayó como una bomba entre los dos y al otro lado de la puerta Jacob Lieberman despegó la oreja de la puerta y suspiró.

“¡Qué bruto es!”

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