TOMO 2. CAPÍTULO 32. Una venganza aplazada
El juez miró aturdido a Jacob Lieberman. ¿De qué diablos estaba hablando? ¿Qué otra demanda?
—No comprendo, licenciado. ¿El señor Vanderwood tiene otra demanda en proceso? —lo interrogó y el abogado le extendió un documento.
—Esta es la solicitud para aplazar el veredicto de este juicio, Su Señoría. En efecto, en este momento, contra el señor Elijah Vanderwood se presentó una demanda por indemnización que involucra su patrimonio, así que este no podrá evaluarse hasta que esa demanda en particular concluya.
—¡Esto es inaudito! —exclamó Basset levantándose—. ¡No se puede suspender un juicio en espera de otro!
El juez revisó el documento y miró a Lieberman a los ojos antes de suspirar por lo bajo y golpear la mesa con su mazo.
—En realidad, licenciado Basset, en este exacto momento el patrimonio del señor Vanderwood sigue siendo bien común, y no la señora Hill sigue siendo su esposa todavía, así que todavía tiene que responder por los asuntos legales de su esposo y poner ese patrimonio intacto a riesgo de esa demanda por indemnización —declaró el juez—. ¡Este juicio queda en pausa hasta solventar la demanda por indemnización del señor Vanderwood! Luego retomaremos el proceso de divorcio. ¡Se levanta la sesión!
Los gritos de protesta de Josselyn llenaron el ambiente, pero el juez Ávalos mandó a desalojar la sala de inmediato y Elijah se giró para ver a Lynett y aquella sonrisa tranquila en su rostro.
—No lo hice… —susurró y a la muchacha le sorprendió que eso fuera lo único que le importara—. No me acosté con ella, yo… no lo hice…
—No, no lo hiciste —murmuró Lynett saliendo detrás de su abogado.
Unos minutos después Elijah, Anders, Lynett y Lieberman entraban a una de las pequeñas salitas de reunión privadas del juzgado, y un abogado le extendía una mano al otro.
—No sé qué decir, esa fue una salvada increíble —dijo Anders—. No teníamos idea de las cámaras y… bueno no vamos a discutirlas ahora, pero gracias. Eso definitivamente puso a Josselyn en si lugar. Ahora… ¿qué sigue? ¿Qué es eso de la demanda por indemnización? ¿Es alguna estrategia para contener los daños de la división de bienes o…?
—No, no es una estrategia, y que conste que para este momento ya solo soy el representante de la señora Lynett Evans —le sonrió Lieberman sacando una carpeta de su maletín ejecutivo—. Mi clienta está demandando al señor Vanderwood por firmar documentos médicos en su nombre, privarla de una operación necesaria y ser responsable de una condición médica que la acompañará de por vida… todo eso sin ser legalmente su esposo ni tener derecho jurídico a decidir por ella.
No se sabía qué rostro estaba más pálido, si el de Anders o el de su cliente, pero cuando Elijah miró a los ojos de Lynett, lo único que vio fue una distante frialdad.
—Sobra decir que tenemos todos los documentos firmados por él donde afirmaba ser su esposo —continuó Lieberman como si solo estuviera dando una cátedra—. También declaraciones de los médicos y personal del hospital en general, de los bomberos que tuvieron que ir a rescatar a la señora Evans y en general de todas las formas en las que su cliente le provocó a la mía un trauma irreparable.
Fue lanzando la copia de cada documento sobre la mesa entre ellos y luego escribió una suma en un papel que le entregó a Anders.
—Ese es nuestro precio.

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