TOMO 2. CAPÍTULO 31. Una mujer capaz de todo
El rostro de Josselyn se volvió una máscara de sorpresa y Basset gritaba molesto poniendo objeciones que ni venían al caso.
—¡Lo que sea que haya en esa memoria no se presentó como evidencia! —protestó alzando la voz—. ¡No puede ser admitido en…!
—Licenciado, no me haga mandarlo a callar, porque si lo hago será de forma permanente —siseó Lieberman acercándose a él—. Este no es un juicio penal, no hay obligación de presentar evidencias por adelantado, ciertamente usted no compartió la existencia de esa foto manipulada que presentó. Así que haga el favor de quitarse del medio, porque su clienta acaba de jurar sobre la biblia que se acostó con mi cliente la noche del veintitrés al veinticuatro de febrero, y yo tengo aquí algo que dice lo contrario.
El juez achicó los ojos pero le hizo un gesto al Marshall, que de inmediato acercó una pantalla de televisión donde Jacob conectó la memoria USB.
Elijah perdió por completo el aliento al ver las cámaras dentro de su casa y se giró para mirar a Lynett, pero la muchacha parecía confiada y gélida, como si aquello solo fuera un acto más en el espectáculo, y el espectáculo debía continuar.
—Solo para que quede claro, señor Vanderwood, ¿estas son las cámaras del interior de su casa? ¿es correcto? ¿Se pusieron con su consentimiento?
“NO…”
—Sí —murmuró Elijah porque Lynett le había dicho que dijera que sí.
Anders lo miró aturdido, pero todos estaban demasiado concentrados en la pantalla como para atenderlos.
—¿Tú cuándo autorizaste cámaras en tu casa? —susurró tan bajo que solo ellos podían escucharse.
—Jamás en mi vida, pero vamos a confiar en Lynett —respondió él mientras se veía a sí mismo entrar en la casa.
Por su parte, Lieberman se apoyaba con tranquilidad en una de las barandas del estrado y empuñaba aquel mando a distancia como si fuera un florete.
—Muy bien, Su Señoría y para el resto de la audiencia, que quede claro, ¡Ejem! narro: Tal como afirma la señora Hill este es el señor Vanderwood entrando a su casa el día veintitrés a las ocho de la noche. Aquí se le ve sentándose en su mesa del comedor frente a la señora Hill, con lo que asumimos son los papeles del divorcio sobre la mesa y un café. Aquí se toma el café, y aquí se cae de su silla.

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