TOMO 2. CAPÍTULO 22. Una verdad sin pensar
—No voy a firmar esto… es una… es… ¡Maldición…!
Esas eran las últimas palabras que habían salido de la boca de Elijah antes de que aquellas náuseas se apoderaran de él, y su último segundo de conciencia antes de que todo se volviera una extraña nebulosa, se unió al primer segundo de claridad que tuvo cuando abrió los ojos y vio el techo de aquella habitación.
Lo había drogado.
Lo primero que pasó por su mente era esa certeza de que lo habían drogado, y ni siquiera necesito tocarse o volver la cabeza para adivinar es escenario en el que estaría. Se sentó en la cama con un gruñido de impotencia y sus ojos se cristalizaron cuando comprobó que estaba desnudo.
Su ropa estaba tirada en el suelo de la habitación a pocos pasos y a su lado en la cama, también completamente desnuda, estaba Josselyn.
Sus manos fueron a su cabeza antes de ponerse el bóxer a toda velocidad y una risa suave detrás de él lo hizo girarse.
—¡Buenos días, amor! —le sonrió Josselyn y Elijah sintió que su pecho se llenaba con una rabia y una confusión que apenas podía controlar.
—¡Por esto es que existen los malditos asesinatos pasionales! —escupió mirando a los ojos de su esposa—. ¡Por esto es que la gente mata a otra gente, por la puta impotencia de no poder hacer nada contra gente tan… tan… asquerosa como tú!
Josselyn se incorporó en la cama y se cubrió con el edredón, pero su rostro solo reflejó una inquietud extraña.
—Pero ¿qué pasa, amor? ¿Cómo puedes decir eso después de todo lo que hicimos anoche? —le preguntó con una voz aniñada que a Elijah le erizó hasta el vello que no se menciona.
—¿Lo que hicimos? ¡¿Crees que de alguna forma fui consciente de lo que hicimos después que me drogaste, maldit@?! —le gritó con rabia y la mujer se llevó una mano al pecho con un dramático gesto de inocencia.
—¡Elijah no sé de qué hablas! Solo estábamos hablando sobre nuestro divorcio y de repente me dijiste que ya no querías que nos separáramos, y me besaste y… bueno, terminamos aquí, haciendo lo que hace la gente casada, no le veo el problema.
—¡El problema es que me drogaste! ¡Porque en mis cinco sentidos jamás me habría acostado contigo, Josselyn!
—¡Claro, porque estoy inválida, no es cierto! —ladró ella.
—¡NO, PORQUE ESTOY ENAMORADO DE TU HERMANA! —replicó él y por un momento el silencio en aquella habitación se hizo revelador y doloroso.
Lo había dicho sin pensar. Era una simple reacción. Pero eso solo significaba que era verdad. Elijah jamás lo había entendido, o jamás lo había querido reconocer, pero desde el mismo momento hacía cinco años en que no había querido abandonar a Lynett para cumplir su palabra con Josselyn, desde ese mismo momento debió saber ¡maldit@ fuera, debió saber que estaba enamorado de aquella chiquilla sin remedio!
—Me casé contigo por despecho —pensó en voz alta—. Me casé contigo porque creí que ella me estaba engañando, porque elegí creerle a un imbécil que me dijo que ella era todo lo mala que yo había pensado cuando resulta que la única que realmente era mala eras tú. —Su voz estaba cargada de arrepentimiento y de desprecio—. Me equivoqué de hermana, pero esa es la desgracia de las mujeres como tú, que aparentan muy bien el buen corazón cuando solo eres una bruja manipuladora. ¿No es cierto?
Le dio la espalda para salir de allí pero la voz fría de Joss lo detuvo en el umbral de la puerta.

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