TOMO 2. CAPITULO 21. Una propuesta inesperada
Estaba furiosa, furiosa y frustrada porque su hermana jamás había sido cercana a ella, pero una cosa era mantener una relación distante y otra muy diferente era pedirle a su madre que Basset la hiciera desaparecer. Florence le había inculcado desde joven ese resentimiento hacia Frederick por no adoptarla como hija legítima, pero Lynett no tenía la culpa de las decisiones de su padre, y ya no estaba dispuesta a que la siguieran lastimando.
Esperó a que se fueran y cinco minutos después salió de allí. Elijah la esperaba dando vueltas frente a la puerta de la sala y Lynett no pudo evitar pensar en si él permitiría que Lyn “atara bien ese nudo”, como su madre decía.
Pero lo cierto fue que no tuvo mucho tiempo para pensar en eso, porque solo unos minutos después de entrar de nuevo, Basset la llamó al estrado para interrogarla.
—¿No le parece, señorita Evans, que todo este asunto del testamento llega un poco tarde, cuando es obvio que tiene demasiada carga emocional contra mi clienta? —le preguntó con tono malicioso y Lynett se encogió de hombros.
—No sabía que el papel y la tinta tuvieran cargas emocionales, licenciado. No estoy reclamando nada que no me pertenezca. Pero si mi padre me lo dejó todo a mí ¿por qué debería permitir que alguien más lo disfrute?
—¡Entonces esa es su motivación! ¡Despojar a su madre solo porque es una hija resentida! —la acusó Basset.
—Pues si se verifica la legalidad del testamento, supongo que la llamará a ella madre resentida por despojarme primero de lo que me correspondía.
Basset se acercó al estrado y la miró con sorna. No tenía muchas alternativas más que demostrar que Lynett estaba entablando aquella demanda de mala fe.
—¡Reconócelo, no has podido superarme! ¡Solo estás haciendo esto porque crees que tengo algo con tu madre y no puedes soportarlo! —intentó provocarla, pero la única reacción que obtuvo fue un suspiro cansado de la muchacha.
—Si eso fuera cierto, ¿entonces qué haces tú aquí? —le preguntó Lynett a su vez—. ¿Quieres convencer a la gente de que tuve algo contigo? Está bien, inténtalo, pero que sepas que te ves muy despechado, Enmanuel, y un abogado arrastrado es lo peor que hay. Yo al menos tengo una justificación para estar aquí, el testamento es sobre mí. ¿Pero y tú? ¿Si es verdad que yo no he podido superarte, qué haces tú aquí representando a mi madre?
Los murmullos en la sala se llenaron de risas de burla y de sarcasmo. Era evidente que Basset no tenía otra cuerda a la que asirse, pero ese mismo instante de confusión era el que estaba esperando Anders.
—¡Su Señoría! Ya que parece que no hay nada realmente legal que debatir con mi clienta, solicito que pasemos a interrogar a los testigos —pidió y para sorpresa de Florence y Basset, todos vieron entrar al señor Clancy.
Lynett disfrutó la mirada en los ojos de su madre mientras Anders comenzaba a interrogar al señor Clancy y este soltaba la lengua con singular alegría.
—Ahora, señor Clancy, ¿podría decirnos por cuánto tiempo tuvo el testamento original en su poder? —le preguntó Anders.

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