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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 2

TOMO 2. CAPÍTULO 20. Tú no me quieres

El roce era tan suave que por un momento Elijah pensó que hasta había sido una alucinación suya. Pero lo cierto era que Lynett había tocado sus dedos por un instante antes de que la vorágine de curiosos entrara en la sala del juzgado.

Estaba nerviosa y eso era absolutamente normal, teniendo en cuenta todo lo que dependía de aquel juicio, pero cuando todos se sentaron y el honorable juez Austin entró en la sala, ya Lynett estaba rodeada de un equipo de abogados.

Anders estaba listo para representarla, y aunque aquella no era precisamente su especialidad, si llevaba el apoyo del resto de profesionales más que calificados de su despacho.

Por supuesto que para Lynett no fue una sorpresa que el abogado de su madre fuera precisamente Enmanuel Basset, pero por el gruñido hosco de Elijah, era más que evidente que él quería que la tierra se lo tragara.

Los alegatos iniciales comenzaron de inmediato, y Basset se encargó de dejar muy claro que la señora Florence Evans en ningún momento había tenido conocimiento de dicho testamento.

—¡Y como abogado personal del señor Evans, puedo garantizar que jamás se entregó ningún documento que avalara la intención del señor Evans de dejar una última voluntad como ese testamento que sabe Dios de dónde están sacando! —terminó Basset con toda la actitud y Anders se levantó abotonándose el saco.

—Y como amante de la señora Florence Evans, ¿también puede garantizar que haría cumplir un testamento que le quitaba todo a la señora a la que estaba chupándole de la teta, figurada o literalmente?

Basset se puso rojo como la grana pero antes de que gritara una indignada objeción, Anders le hizo un gesto despectivo.

—No se preocupe, licenciado Basset, no estamos aquí para discutir si usted es un mal abogado o un buen gigoló. Y la verdad tampoco importa mucho si su clienta sabía o no sobre el testamento. Lo que importa es la verificación del documento, su autenticidad. A eso vinimos, así que mejor nos dejamos de arrebatos pasionales, interrogamos a las respectivas partes y luego dejamos que los peritos den su veredicto. ¿Le parece?

Y si bien era cierto que Basset estaba al borde de un ataque de ira, también era cierto que el juez estaba muy conforme, porque aquellos casos de litigio de dinero los consideraba muy por debajo de sus conocimientos.

—¡Señores! Procuremos mantener esto amable. Llamen a sus testigos y terminemos lo más pronto posible.

La primera en ser llamada a testificar fue Florence Evans, y a Elijah se le revolvió el estómago cuando la vio deshacerse en lágrimas y lamentos, sabiendo que solo era una fachada. Jamás otra mujer se le había parecido tanto a su madre. Pero por desgracia no era la única, porque lo que sí sorprendió a todos fue que poco antes del primer receso Josselyn apareciera y fuera a sentarse nada menos que junto a su madre, sosteniendo su mano como una buena hija preocupada.

—No lo puedo creer… es que de verdad no lo puedo creer… —siseó Elijah acompañando a Lynett afuera cuando el juez dio permiso, pero escucharon tras ellos el tono frío de Josselyn.

—¡La que no puede creerlo soy yo! —gruñó—. ¡Que estés a poyando a Lynett a quitarle todo a mi madre… que vengas aquí con ella…!

Sin embargo antes de que su voz se alzara lo suficiente como para hacer una escena, Lynett se inclinó hacia ella.

—¡No te molestes, nadie va a escuchar a una mujer despechada por más inválida que esté! —espetó entre dientes—. Toda esta escenita de dolor no te queda, y deja que te diga las cosas como son: La arribista eres tú, la sinvergüenza eres tú, y la zorra que se metió con él por su dinero porque Florence te mandó, ¡esa fuiste tú!

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