TOMO 2. CAPÍTULO 19. Demasiada casualidad
La mueca en la cara de Florence Evans era tan amarga como si se hubiera chupado un limón, pero increíblemente lo que no pudieron ver en ella era sorpresa.
—¡Eso no puede ser… ese testamento…! ¡Eso tiene que ser falso! —exclamó furiosa y Lynett negó con condescendencia.
—Tu amante lo llevó a inscribir y también pagó para que lo escondieran. Ahora que lo pienso, ¿Cuál de tus joyas tuviste que vender para poder pagar medio millón de soborno? Porque es evidente que tú no tenías tanto dinero.
Aquello solo era meter aun más el dedo en la herida, pero a pesar de la forma brusca en que su madre se acercó a ella, nadie la vio moverse.
—Anda, golpéame de nuevo, y todos estos amables testigos se encargarán de añadir “agresión” a la demanda —la retó y Elijah vio la impotencia con que la mujer cerraba la mano en un puño.
Era como estar viendo a su propia madre, que después de tanto tiempo aun se estaba ahogando en su rencor en una cárcel de Texas. Pero cualquier pensamiento pasó a un segundo plano cuando la escuchó amenazarla.
—No te vas a salir con la tuya. ¿Crees que este puede ayudarte? —escupió mirando a Elijah sobre el hombro de Lynett—. ¿Se te olvidó lo que te hizo la última vez? ¡Solo eres un peón para él! ¡Solo te está usando contra tu hermana y tú eres tan estúpida que estás volviendo a caer en su juego! ¡¿Cómo no te das cuenta?!
—¿Y cómo no te das cuenta tú de que el nombre en esa demanda no es el de Lyn, sino el tuyo? No tengo planes inmediatos para mi hermanita… todavía, pero dame tiempo —le sonrió Lynett con sarcasmo—. Y con respecto a Elijah, sé muy bien lo que soy para él, pero si lo que te preocupa es que esté engañando a Lyn conmigo te aviso: por desgracia para ustedes no, no me lo estoy follando… todavía… ¡pero dame tiempo!
Esta vez sí que Florence no fue capaz de aguantarse y su mano trazó el arco terrible de una bofetada que fue a estrellarse contra el pecho duro de un hombre.
Solo un instante había bastado para que Elijah viera su intención y se metiera en medio, y por supuesto que prefería que lo golpeara a él que a Lynett, porque ya no le quedaba dudas de que haber crecido con una madre así era lo que la había llevado a su ruina, a caer bajo el odio de un hombre como él.
—Tenga mucho cuidado, señora Evans. Este no es momento de ofender a todo el que conoce, recuerde que va a necesitar un techo bajo el que dormir cuando se quede en la calle —siseó Elijah con molestia y luego tiró suavemente de la mano de Lynett para sacarla de allí.
Y mientras se alejaban, la música de fondo eran los gritos de Florence porque un equipo de peritos del juzgado estaba llegando para inventariar y catalogar hasta el último adorno, para asegurarse de que Florence no pudiera vender o robar nada mientras el proceso judicial se desarrollaba.
—Seis días —le dijo Elijah y Lynett suspiró asintiendo—. En seis días va a comenzar el juicio. Los peritos están moviéndose rápido y el juez preferirá no hacer un escándalo demasiado grande cuando solo es el reconocimiento de un testamento.

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