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MALDITA TENTACIÓN. Engañada por el prometido de mi hermana romance Capítulo 2

TOMO 2. CAPÍTULO 15. La especialidad de un hombre

No había forma, ni con el alma de rodillas, en la que Elijah pudiera pedir perdón por todo lo que había pasado hacía cinco años, porque sabía que nada en el mundo podría resarcir a Lynett de las secuelas de no haberse operado a tiempo, o de haber perdido a su hijo mientras él estaba echándola de su vida y casándose con su hermana.

—Sé que no merezco que me perdones, ni siquiera tengo derecho a pedirlo pero… —Las lágrimas empezaron a correr por sus mejillas—. Lo siento. Siento todo lo que te hice. Fui…

—Cruel —sentenció ella con cansancio—. Y ahora estás tratando de redimirte de alguna manera. ¿No es así? Por eso me estás ayudando —comprendió la muchacha.

—¡No, no solo por eso! Yo… sé que es lo correcto. Si tu padre te dejó la empresa lo correcto es que tú la tengas, no tu madre —declaró con convicción—. Yo he hecho lo mejor para la compañía hasta ahora, la he hecho crecer de la mano con la empresa de mi familia, ¡pero lo justo es que tú goces de esos beneficios, no tu madre!

Lynett asintió despacio y cerró los ojos como si estuviera conforme y resignada con aquella respuesta.

—Entiendo —susurró—. Será mejor que nos vayamos ya.

—¡Lynett, espera!

—No lo hagas —sentenció ella sin mirarlo—. Siempre haces lo mismo, siempre me pones en una situación en la que tengo que ceder aunque no me guste. No me pidas perdón en un sitio donde corro el riesgo de morir de frío si me dejas tirada… y los dos sabemos que esa es tu especialidad. ¿O no?

Elijah sintió que aquel nudo en la garganta apretaba aun más, pero solo le dio la vuelta a la camioneta y abrió la puerta para ella, ayudándola a subir. Se merecía aquella respuesta. O mejor dicho, se merecía que Lynett ni siquiera le dirigiera la palabra, pero ella tenía razón, siempre terminaba poniéndola en una posición en la que no podía hacer otra cosa que ceder ante él.

Incluso en ese momento, cuando volvían a la carretera y a la madrugada, sabía que Lynett iba a su lado porque no tenía otra opción ni a ninguna otra persona que la ayudara.

Ya había amanecido para cuando por fin llegaron a Charleston. Y contrario a lo esperado, la pequeña ciudad de mar estaba agitada, llena de gente, de fiesta y decoraciones por todos lados. Visitaron cada hotel del centro, pero estaban llenos y más de una hora después de haber llegado parecía que no conseguirían un par de habitaciones donde descansar ni por casualidad.

—Lo siento mucho, pero estamos llenos, igual que todos los hoteles de la ciudad. Estamos celebrando el Lowcountry Oyster Festival, es el mayor festival de ostras del mundo, y realmente estamos reservados en estas fechas desde hace meses —se disculpó la décima amable recepcionista—. Quizás si prueban en alguna casa particular… ya sabe, de renta.

Elijah abrazó la idea, porque era la única solución que le quedaba y por suerte había poco que no se pudiera conseguir por dos mil dólares la noche, así que quince minutos después llegaban a una hermosa mansión clásica frente al Murray Blvd, con el mar al frente, enormes jardines y absoluta privacidad.

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