TOMO 2. CAPÍTULO 12. Un descubrimiento sorprendente
—Mi familia está en Italia… mi familia está en Italia… —Era todo lo que Elijah podía escucharla murmurar mientras la recostaba en la cama y pasaba un paño húmedo por su cara para que se refrescara.
—¡Lynett…! ¡Lynett! ¡Oye, chiquilla, vamos despierta! —la sacudió con suavidad y sintió el sobresalto con que volvía a la realidad—. Cálmate, está bien, está bien…
Ya era un hecho que no iba a convencerla de que no se fuera, pero mientras Elijah la veía recuperarse un poco y terminar de hacer la maleta, solo atinó a sentarse en aquel sofá con los codos apoyados en las rodillas.
—¿Puedo quedarme? —le preguntó—. Hasta que te vayas esta noche ¿puedo quedarme? No quiero que ese tipo se atreva a regresar y te encuentre sola.
Lynett se estremeció y asintió despacio.
—Sí… sí puedes quedarte… —susurró y por la cabeza de Elijah pasó todo lo que había escuchado.
—Lynett, ese hombre parecía muy… determinado —le advirtió—. ¿De verdad crees que haya algo entre las cosas de tu padre que sea importante?
La muchacha se detuvo y se abrazó el cuerpo con ademán indeciso.
—No lo sé… no lo sé, pero… no me parece normal que mi madre mande a su amante a amenazarme a menos que haya algo ahí. ¿No crees?
Elijah asintió con cansancio, recordando que la amenaza había sido con “secuestrarla de nuevo”, y no se atrevió a decir que él mismo le había creído que todo había sido idea de Lynett para embaucarlo.
Cada paso, cada cosa que descubría era tal como decía Lynett: un doloroso recordatorio de lo que había pasado y cuánto le había costado, porque no podía negar que estaba sintiendo en el alma el precio que estaba pagando por no haber confiado en ella.
—¿Te molestaría…? ¿Te molestaría si miro un poco en los contenedores? —preguntó él y Lynett lo pensó un momento antes de asentir.
Ella misma tenía que revisarlos muy bien, pero no tenía nada de malo que él fuera haciendo el trabajo bruto.
—Está bien, mientras iré buscando compañías de transporte de cargas a ver dónde puedo mandar esto.
Y Elijah no se atrevió a decirle que él podía llevarla en su avión privado porque estaba más que seguro de que lo último que quería Lynett era que él supiera dónde ella vivía en Italia. Tomó uno de los contenedores y le quitó la tapa. Faltaba medio día para que anocheciera, y ninguno de los dos pronunció un sonido mientras la curiosidad de Elijah paseara sobre aquellas cajas.

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